sábado, 26 de enero de 2013

Capítulo 6.


(Narra Raquel).

Faltaba poco para llegar al restaurante. La verdad tenía hambre, me apetecía mucho una hamburguesa y unas patatas fritas. Ya estábamos en frente de la puerta.
–Hola chicos.
–Hola Raquel. Veo que traes a más personas. –dijo Harry mirando de arriba a bajo.
–Mirad, estos son Aída y Louis. Me los he encontrado en la tienda y bueno, me han caído bien.
–Qué pasa tío. –Harry le estrechó la mano a Louis–. “Creo que estos dos, se van a llevar muy bien” Pensé. Se les notaba en la mirada, conectarán muy pronto, seguro. Todos se presentaron y entraron al restaurante, pero, Cristina me cogió del  brazo.
–Un momento.
–¿Qué pasa?
–Me he dado cuenta de que deberías echarte novio.
–¿Yo? ¿Y eso a qué viene ahora?
–Pues, porque todos tenemos pareja y tú no.– Eso me sentó algo mal.
–Vale, ¿y?
–Ahora vas a tener la oportunidad de tener.
–¿Cómo? ¿Qué quieres decir con eso? –estaba empezando a ponerme nerviosa, no sabía que iba a hacer ahora.
 –¿Ves ese chico de allí? –Me giré. Mierda, era Niall. No, no quiero que se venga con nosotros. No, por favor.
–No lo veo. –me hice la tonta.
–Raquel, ese, el de la capucha que te dice hola. –Cristina me giró.
–Ah… ya lo veo.
–Ese chico, ha estado hablando conmigo. –me sorprendí. ¿Qué le habrá dicho?
–Y de qué hablabais.
–Se acercó a mí y preguntó por ti. ¿Lo conoces?
–Un poco.
–¿Y por qué no me lo has contado?
–Cristina, eso ahora no importa, dime de qué más habéis estado hablando.
–Le dije que se esperara, que ya venías.
–¿Y tú por qué le has respondido?
–Me pareció un chico simpático, y además muy guapo. –reí muy fuerte.
–¿Qué? Cuándo lo conozcas más a fondo, luego me dirás.
–Yo creo que ahora es tiempo de conocernos. –suspiré. Alguien puso la mano en mi hombro. Supongo que era Niall.
–Hola Raquel.
–Hola.
–¿Entramos?
–Vale. –se le notaba más amable de lo normal. Seguro que era porque Cristina estaba delante y no quería quedar mal. Imbécil. Entré la primera, busqué la mesa donde nos íbamos a sentar. La encontré y me senté al lado de Virginia. Había una silla libre para Cristina al lado de Harry. Y claro, otra al lado mía para Niall. Vi que se acercaban.
–Hola amor.
–Hola. Habéis tardado bastante.
–Sí, ya lo sé. Raquel necesitaba novio. –cuando se sentó, le di una patada.
–¡Au!
–Lo siento. –le dije encogiendo los hombros.
–Hola, me llamo Niall. –se sentó sin hacer nada más. No tenía modales. Harry subió una ceja.
–Yo Zayn. –Niall le miró, Zayn no paraba de sonreír. Pero Niall no dijo una palabra.
–¿Qué te pasa?
–¿A mí? Nada. –miraba a todos lados menos a Zayn. Llevaba todavía la capucha puesta. Vino el camarero. –Buenas tardes, ¿Qué queréis tomar? –Cristina empezó a pedir.
–Yo quiero pasta con tomate y una pepsi. –El camarero asintió mientras escribía
.–Yo también quiero lo mismo. –dijo Harry con las manos apoyadas en sus mejillas.
–De acuerdo. ¿Y vosotros?
–Un filete de merluza con arroz. –dijo Chari.
–Yo arroz con pollo. –dijo.
–¿Y de beber?
–Una coca-cola.
–Yo también.
–¿Tienes que pedir lo mismo que yo? –dijo Zayn.
–Yo hago lo que me da la gana. –respondió Chari. Zayn le pegó una palmada en la espalda. Ella le dio una en la nuca. Zayn puso cara de asco. Ahora les tocaba pedir a Aída y Louis.
–Nosotros queremos una pizza.
–¿De qué la queréis?
–De atún. Y de beber queremos también coca-cola.
–De acuerdo.
–Virginia y yo queremos una patata asada que lleve de todo. Para beber, fanta de limón.
–Bien, ¿y tú? –el camarero me señaló con el bolígrafo.
–Quiero una hamburguesa con patatas, por favor. Y quiero una pepsi.
–¿Y tú, joven?
–Yo no quiero nada.
–¿Nada?
–¿Acaso está sordo? No quiero nada, he dicho. –Niall levantó un poco la voz. El camarero le puso el tapón al bolígrafo y se marchó.
–Al menos podrías haber sido algo más amable, ¿no te parece? –dije.
 –No.
–Vale, vale. –No quería hablar más con él. Miré a los demás y me metí en la conversación en la que estaban hablando. Cristina miró a Niall un segundo.
 –Niall no para de mirarte. –me dijo con la voz baja.
–Déjale, que haga lo que quiera.
 –Yo creo que le gustas.
–No lo creas, porque no es verdad.
–Yo pienso que sí.
–Pues vale. Y cállate ya, que viene el camarero.
–¡Por fin! Tenía mucha hambre. –El camarero puso los platos sobre la mesa y nosotros cogimos lo que habíamos pedido. Las patatas echaban humo. Le pegué un buen mordisco a mi hamburguesa.
–Dios, cómo comes. Gorda.
–Sé que me he pasado, pero no tanto. ¿Crees que estoy gorda? –me miró detenidamente, se quedó unos segundos callado.
–Sí, lo creo.
–Pues déjame. –Niall no paraba de mover la pierna nervioso. Dios, qué pesado.
–¿Te quieres estar quieto de una vez?
–Déjame en paz. –cogió una patata y se quemó. La tiró en el plato quejándose.
–¡Quema mucho! Puta patata.
–Eres tú, que eres un desesperado.
–Que te calles, idiota. –le pisé el pie. No lo soportaba, ¿por qué mierda tenía que estar aquí?
–¡Estúpida! Agh, qué daño.
–Lo siento, ha sido un reflejo.
–¿Un reflejo? Y una mierda.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario