miércoles, 27 de marzo de 2013

Capítulo 14.


(Narra Niall).

Había reunido a todos en el salón. Iba a hablarles sobre mi decisión. Nunca pensé que este día llegaría, porque cuando conocí a Raquel, todo ha cambiado, yo por lo menos, un poco. No sé cuál será la reacción de los chicos, quizás todos se vuelvan contra mí o todo lo contrario. 

Algo de miedo si que tengo. Es que es muy difícil dejarlo todo atrás. Ahora quiero retroceder, y hacer lo que siempre he hecho: robar. Pero no, no puedo, la decisión está tomada y no hay marcha atrás.

No creo que Josh me abandone, siempre nos hemos apoyado mutuamente, y somos como hermanos. Si él no está de acuerdo conmigo, se irá con los demás, y eso sería traición. Pero sé que él no me dejaría tirado, ni pensarlo. Ya estamos todos reunidos, ahora, toca hablar.

-¿De qué vamos a hablar, Niall? -dijo George.

-De una decisión muy importante, que me ha costado mucho tomar.

-A saber que mierda nos vas a decir. -dijo por lo bajo Drake.

-Para empezar, relájate, ¿vale? -dije subiendo el tono. Él asintió. El corazón me latía muy fuerte. Creo que lo voy a vomitar.

-Sigue, tío. -dijo Ben. Voy a ser directo, no voy a enrollarme mucho.

-Lo dejo todo, y ¿sabéis? Me voy a entregar. Y me da igual lo que penséis porque es lo más adecuado. -todos se rieron de mí. ¿Pensaban que estaba de coña? Dios, estúpidos.

-¡A ver! ¡Callaros de una puta vez! Esto es serio. Quien esté de acuerdo conmigo, que se venga, el que no, que se largue. Aquí mando yo ¿entendido? -cada vez iba quedandome más a gusto.

-¿Cómo puedes decir eso, Niall? ¿Quién te ha hecho pensar eso? -dijo Victor crujiendose los nudillos.

-Venga, Niall, puedes contarnoslo, somos colegas, ¿no es así? ¿O nos vas a dejar tirados como si fuésemos una mierda? -dijo Sam. 

Me estaban intentando convecer de que no lo haga. Pues están muy equivocados. Están diciendo que alguien me ha dicho esto. No les voy a decir ninguna palabra de Raquel, de ninguna manera. Seguro que irían detrás de ella haciendole la vida imposible.

-Ha sido por mí mismo. ¿No os dáis cuenta que nuestra vida es una ruina? -dije. Josh no dijo ni una sola palabra en toda la conversación, solo miraba y escuchaba.

-No puedo creer que nos estés diciendo esto. ¿Tanto robar, para luego arrepentirse? -dijo George enfadado.

-Lo siento mucho, pero esto es así... ¿alguien se viene conmigo, o prefiere seguir con esta rutina de mierda? -todos se miraron. A Ben se le notaban las ganas de pegarme una paliza, pero se estaba conteniendo.

Todos nos hemos llevado muy bien, bastante como para tener mucha confianza entre nosotros. Pero en cualquier momento, nos podemos enfadar y hacer cosas de las cuales nos ibamos a arrepentir después. 

Y en la situación en la que estamos, podrían surgir movidas muy fuertes. Respiré hondo. Dirigí la mirada a Josh, se mordía los puños. Se levantó del sillón y vino a mi lado. Sabía que no me decepcionaría. Le estreché la mano.

-Lo siento, pero él tiene toda la razón. Yo también voy a entregarme. -dijo Josh.

-¡¿Tú también?! -Drake se levantó del sitio y le pegó un empujón a Josh, este, le dió un puñetazo. Sin pensarlo, me eché encima de Drake, y como no, todos empezaron a pegarnos. Me estaba volviendo loco. 
 
-¡Parad de una vez! ¡Dios! -grité. Se relajaron un poco. Hice una mirada complice a Josh y salimos corriendo de aquel piso descuidado.

-¡Y no volvaís más por aquí, capullos! ¡Como digáis una sola palabra de nosotros, tendré que mataros! -Victor no controlaba sus impulsos, él me tenía mucho respeto.

Josh y yo corríamos sin rumbo. No tuve otra opción que dirigirme a la casa de Cristina. Supongo que ya estarían todos despiertos. Eran las doce del medio día.

(Narra Raquel).

Todavía seguía en la tienda. Anoche me acosté muy tarde, y me he despertado sin Niall. Vale, muy bien, se ha ido. Y no sé si volverá. De repente, empieza la tienda a menearse. Tenía cara de no entender nada. Escuché la voz de Harry y Zayn.

-¡Es tiempo de despertarse, Rachel! -dijeron a la vez. Seguían meneando la tienda.

-¡Ya lo estoy! ¡Pero parad, por favor! -me estaba cabreando.

-No pararemos nunca. -dijeron entre risas.

-¡Cabrones! -pararon de mover la tienda. Sonreí. Había mucho silencio, demasiado... 
 
-¿Harry... Zayn? -pregunté. Nadie respondía. Entonces, vi como se habría la tienda. Harry se asomó

-¡Soy Niall, y voy a violarte! -dijo tirandome de la pierna.

-No hace gracia. -dije intentando sujetarme a la tienda, pero Harry tiraba más fuerte.

-A mí si me hace gracia, Rachel. -Zayn se reía de mí. Harry consiguió sacarme. Le miré y le saqué la lengua. Me dio una palmadita en la cara. Me ayudó a levantarme.

-Llevamos toda la mañana esperandote para que vinieses a desayunar. -me dijo Zayn haciendose el enfadado.

-Lo siento, tenía mucha pereza de levantarme. -entramos y todos estaban sentados en la mesa.

-¡Aleluya! -dijo Virginia llevandose las manos a la cabeza.

-Buenos días, marmota. -dijo Louis.

-Qué tontos sois, eh. -nos sentamos y empezamos a comer. Llamaron al móvil de Cristina.

-Perdonadme un segundo. -se levantó de la silla.

-Qué malota. -dijo Harry pegandole en el culo.

(Narra Cristina).

Conversación telefónica.

-¿Conor? -pregunté.

-¡Hola, hermanita! Te llamaba para decirte que estaré en casa en una hora. -me sorprendí.

-¿Y eso? ¿Que ha pasado para que te vengas tan pronto?

-Esquiar es un muermo. Pero he aprovechado y he conocido a una chica estupenda. -dijo emocionado.

-¿Te has echado novia? Como te lo montas, eh. ¿Cómo se llama? -soltó una risilla.

-Victoria, es preciosa. -se escuchó voz femenina de fondo.

-¿Papá y mamá no vienen?

-No, se van a quedar más tiempo allí. Mejor todavía, ¿no? Bueno, tengo que colgar ya. Ahora nos vemos.

-Hasta ahora.

Fin de la llamada.

Llamaron a la puerta. ¿Quién será ahora? Abrí la puerta.

-¿Niall? -venía con otro chico. Estaban muy agitados, jadeando.

-Sé que te estarás preguntando donde he estado. Ahora te lo explico.

-De acuerdo... -dejé que pasaran. Cerré la puerta.

domingo, 10 de marzo de 2013

Capítulo 13.


 (Narra Virginia).

Estaba sola en la tienda. Liam había ido un momento a por una botella de agua para mí. Se portaba muy bien conmigo, tanto que daban ganas de abrazarlo y consumirme entre sus brazos. Escuché unas pisadas. Era Liam.

 –Aquí tienes. Calienta el agua en la boca, está fría. –se preocupaba por mí. Eso lo hacía más adorable aún.

 –Muchas gracias. –pegué un gran sorbo. Dejé la botella en una esquina. Cerró la cremallera de la tienda. Se puso a mi lado, pero se quedó sentado.

 –¿Tienes frío? –dijo mientras me tapaba mejor con la manta. Automáticamente sonreí.

 –Ahora estoy mejor. –dije con un tono suave. Finalmente, él se tumbó del todo.

 –¿Te acuerdas…?  –me miró.

 –Dime. –dije poniéndome de lado para mirarle mejor.

 –¿Te acuerdas cuando nos conocimos? –el momento se me vino a la cabeza. Él me llamó “Kate”.

 –Claro que me acuerdo.

 –Cuando… cuando te llamé Kate. –cada vez bajaba más el tono – ¿te gustaría saber el por qué? –él tragó saliva.

 –Como prefieras. –dije encogiéndome de hombros levemente.

 –Yo tuve una novia, físicamente igual que tú. Estaba perdidamente enamorado de ella, era mi alma gemela.

 –¿Y dónde está ahora? –interrumpí. Hubo silencio. A Liam se le iban cristalizando los ojos poco a poco.

 –Está en el cielo. –dijo entre cortado. De repente sentí como si me apretaran el corazón. ¿Había muerto? Tenía los labios secos, me los humedecí.

 –¿Qué le sucedió? –dije mordiéndome el labio a causa de la preocupación.

 –Un estúpido accidente. Nos atropellaron. Yo tuve alguna que otra herida externa, pero ella…  –unas lágrimas brotaron de sus ojos velozmente. Me sentía realmente mal al verle así. A la mejor persona del mundo le había ocurrido lo peor. Se me hizo un nudo en la garganta. Eso me impidió hablar.

 –Se le rompió la columna y tuvo parálisis cerebral. No pudieron hacer nada. Y todo eso por un hijo de puta que iba borracho. Yo estaba al otro lado de la calle e intenté salvarle corriendo hacia ella para apartarla, pero llegué tarde. –los dos apretamos los puños. Él cerró los ojos y suspiró como pudo. Me temblaba el labio.
 –No sabes cuánto la echo de menos.  Haría lo que fuera para que estuviera a mi lado, sintiendo sus cálidas caricias y escuchando sus chistes malos. Oh Dios, amaba tanto sus chistes, aunque no tuvieran gracia. Cuando yo reía, le hacía feliz, y eso era lo que importaba. Ese día, decidimos vivir juntos. Íbamos de camino a mi piso. En el hospital me pusieron en la misma habitación que ella. Cada día la miraba con todos esos aparatos puestos, odiaba verla así. Escuchaba los pitidos de la máquina que indicaban los latidos de su corazón. Y que  un día, cada vez se hacían más y más débiles. Me temí lo peor.
Empecé a gritar su nombre, tirándolo todo al suelo. Vinieron varias enfermeras y me pusieron un tranquilizante. Usé las pocas fuerzas que me quedaban para decirle: “Te quiero”. Ella me completaba la vida.

 –Anda, ven aquí. –dije en un hilo de voz. Él se aferró a mí fuertemente. Se encogió de piernas. Posó su cabeza en mi vientre. Yo le acariciaba el pelo.

 –Ojalá pudiera retroceder en el tiempo. Extraño su dulce y femenina voz. Nadie me había hecho sentir tan bien como ella. Bueno, hasta que te conocí.  –eso me sorprendió. “Bueno, hasta que te conocí”, ¿quería decir que yo le hacía sentir bien?

 –Intentaré que te olvides de ello.

 –¿Crees que es fácil olvidar?

 –Hazme caso. –respiró muy fuerte.

 –Te cuidaré para que no te pasa nada. Estar contigo es como si estuviera con ella. –dijo. Mi mirada se iluminó.

 –Y yo te contaré todos los chistes malos que me sepa. –soltó una risilla que duro apenas unos segundos. Se incorporó en un movimiento rápido y me besó la frente cuidadosamente.

 –Buenas noches. –me dio la espalda. Me quedé un rato despierta, asimilando lo que me había dicho. Era demasiado doloroso. Me asomé para ver si se había dormido. Dormía profundamente. Tenía una pequeña sonrisa. Le acaricié la mejilla secándole el rastro de agua que habían dejado sus lágrimas. Después, me dormí.

(Narra Cristina).

 –¡Já! Te gané por millonésima vez. –dije levantando los dos brazos con energía– ¡te gané, te gané y te gané! –le di una pequeña palmadita en la cara. Estaba enfadado, cruzado de brazos, haciendo que sus bíceps se notarán más. Eso me enloqueció un poco. Era una experta en las cartas, nadie me había ganado nunca.

 –Tonta. –dijo sacándome la lengua.

 –Perdedor. –dije poniendo una “L” con los dedos en mi frente. Harry miró las cartas y luego a mí con una sonrisa pícara. Cogió una y me la tiró a la frente. Se rió echándose para atrás.

 –¡Au! ¡Me has hecho daño! –dije frotándome la zona dolorida. Él se incorporó.
 –Lo siento. Eso te pasa por tener la frente tan grande. –dijo mientras se encogía de hombros mirando para arriba. Abrí mucho la boca.

 –¿Te has metido con mi frente? ¿Tú te has visto las orejas que tienes? –se sacudió el pelo. Me mató con ese movimiento.

 –Pero no puedes negar que soy muy, pero que muy sexy. –dijo guiñando el ojo.

 –¿Qué dices? Si eres un aborto. –me tumbé.

 –¿Un aborto? Si dijiste que te morías por mí. –él también se tumbó.

 –¿Cuándo dije eso? –pregunté.

 –Pues, no sé. ¿A lo mejor cuándo nos besamos en aquel restaurante? –yo reí.

 –Estaba borracha, ¿vale? –dije con tono burlón.

 –No mientas, nena. –me pegó un pequeño tirón en el pelo. ¿Y ahora que le iba a decir? Si cuando me besó, sentí una sensación increíble.

 –Bueno, si piensas que es mentira, allá tú. Y por cierto, besas fatal. –mentí. Él echó una carcajada fuerte y corta.

 –Muchas chicas se han derretido con mis besos, y más todavía en la cama…

 –Calla, que eres un capullo. –alargué mi mano y le pegué un pellizco en el muslo. Él encogió las piernas.

 –¿Estás celosa? Normal. Te pongo.

 –Les pones a todas, pero a mí, no. –nos callamos. Escuchaba la respiración de Harry.

 –Lo gracioso es… que de todas las chicas que he conocido, no me han llamado tanto la atención como tú. –mi corazón empezó a latir con fuerza. ¿Yo? ¿Llamarle la atención a un chico? Esto era nuevo para mí. Según me han dicho, Harry es el típico chico popular del instituto que vuelve locas a todas las chicas que pasasen por su lado. Hasta chicas mayores que él.
Sentí que me acariciaba el pelo.

 –Me encanta tu pelo. Es muy sedoso y natural. Ya me estaba cansando de las rubias de bote. –sonreí tímidamente. Como siga tocándome, voy a darme la vuelta y me lo voy a tirar. Se me erizaba la piel.

 –¿No dices nada? –dijo acercándose a mi oreja susurrándome. Me estremecí.

 –Estaba intentando dormir, Harold. –el resopló.

 –Te dije que no me llamaras así, por favor.
 –Harold, Harold, Harold, Ha-. –me calló plantándome un beso. No me lo esperaba. Me dejé llevar. Él quería jugar con mi lengua, pero yo se lo impedí. Me separé de él para poder respirar.

 –Es muy tarde. Voy a dormir. –apagué la pequeña lamparita.

 –Era un beso de buenas noches, eh. No te emociones. –no respondí.

 –¿Cristina…? Bah. –se colocó abrazándome. Estúpido, se creía que no me daba cuenta. Pero, se estaba muy a gusto así, sintiendo su respiración en mi cuello y sus brazos fuertes envolviéndome.

(Narra Louis).

Nos quedaba un poco de hambre así que tuve que robar una bolsa de patatas de la cocina. Nos las estábamos comiendo.

 –Y bueno, ¿para qué querías el juguete que le compré a mi hermano? –me preguntó Aída.

 –Quería dárselo a mi primo. Pero tu hermano lo necesitaba más que Ethan. Tiene de todo y siempre acaba rompiéndolos.

 –En serio, muchísimas gracias.

 –Las gracias se las tienes que dar a Raquel. Si ella no hubiera aparecido metiéndose en nuestra pelea, me hubiese llevado el juguete. –dije chupándome los dedos porque los tenía llenos de sal.

 –Una pregunta algo atrevida. –dijo. Metí la mano en la bolsa y me comí una patata.

 –Suelta. –dije con la boca llena.

 –¿Yo te parezco guapa? Se sincero, por favor. –me atraganté. Claro que era guapa, bueno no, lo siguiente.

 –Vale, la he cagado. Soy fea. –yo estaba tosiendo mientras negaba con la cabeza. Me empezó a dar palmadas en la espalda.

 –¿Qué te pasa? ¿Estás bien? –asentí. Me di un puñetazo en el pecho. La patata bajó. Me alivié.

 –Si te soy sincero, si que me pareces guapa. Bastante de lo que crees. –me avergoncé un poco, ella se puso un poco colorada.

 –Tú tienes unos ojos preciosos. –sonreí. Y hablando de mis ojos. Tenía sueño. Doblé la bolsa de las patatas y las aparté. Bostecé.

 –¿Tienes sueño? Entonces deberíamos dormir ya. –nos dormimos muy pegados, sintiendo el calor del otro.

domingo, 24 de febrero de 2013

Capítulo 12.


(Narra Raquel).

Ahora era el momento. Niall me lo iba a contar todo. Estamos los dos metidos en la tienda, sin hablar, pero decido romper el silencio.

–Niall, quiero que seas lo más sincero posible conmigo, necesito que me digas la verdad. –dije seria.

–¿Qué quieres que te diga? –me daba la espalda.

–Todo.

–No creo que sea buena idea, Raquel.

–Sí es buena idea, venga, cuéntamelo todo.

–Es más difícil de lo que parece…

–Sé que te resulta duro, pero por favor, cuéntamelo. –suspiró muy fuerte.

–Cuando era pequeño todo iba normal, éramos una familia feliz y adinerada. Yo iba a la escuela, tocaba la guitarra y también cantaba algo, eso me encantaba. Pero, más adelante, mis padres se divorciaron. Ese día estaba yo en la calle, con mis amigos. Volví a mi casa no muy tarde, y me encontré a mi madre con moratones por todo el brazo, –paró un poco para respirar hondo, después siguió– había sido mi padre. 
Él desapareció. No le he vuelto a ver la cara desde aquel día. Tuve que cuidar a mi madre durante varios años porque cayó enferma. Mi hermano Greg se fue con mi padre, los dos estaban muy unidos. Siempre nos habíamos llevado muy bien, pero conforme él iba madurando, se comportaba muy mal conmigo, hasta llegar al punto de la violencia. –dios mío, este chico necesita amor–. 
Finalmente, mi madre murió de cáncer. Me quedé solo, y me metieron en un orfanato. Me daba mucho asco ese ambiente, así que me escapé con otros chicos que opinaban lo mismo.

–¿Esos chicos son con los que te juntas ahora? –interrumpí. Él asintió con la cabeza 
levemente.

–Ahora dormimos en un piso que ni si quiera es nuestro. Vivimos de lo que robamos e intentamos ser muy cuidadosos con lo que hacemos. –se giró dejando de darme la espalda. Estaba llorando, resopló.

–Perdóname si alguna vez  te he hablado  mal, pero es que es inevitable. Yo solo siento odio dentro de mí, y me libro de él tratando a los demás cómo si fueran una mierda. Cosa que no se merecen, y me arrepiento. –no me miraba a los ojos, sino a un punto fijo.

–Tranquilo, con todo lo que te ha pasado es normal. Eh, Niall, mírame. –me miró con los ojos cristalizados.

–Mi pasado me atormenta, es demasiado. No creo que una persona pudiera vivir con todo lo que siento, pero aquí estoy. También tengo miedo de que me encarcelen.

–No creo que te encarcelen por lo que has hecho. Has robado, solo os harán pagar una multa. –se mordió el puño.

–¿Y de dónde sacamos el dinero, robando también?

–No, yo os ayudaría.

–De ninguna manera, no quiero. No vas a pagar por algo que no has hecho.

–Me da igual, porque somos amigos, y los amigos se apoyan en todo momento, ¿no lo 
sabías?

–De eso ya ni me acuerdo. –le temblaba el labio.

–Pues yo te lo voy a ir recordando lo que vale la amistad.

–¿Qué quieres decir con eso?

–Que deberías dejar todo lo que estás haciendo y venirte conmigo. –subió una ceja.

–¿Eso quiere decir dejar a mis amigos? –asentí.

–Y también creo que deberíais entregaros, y en cuanto a lo del dinero, no importa. Ya nos la apañaremos.

–Tú estás loca. –me susurró.

–Intento que superes el odio. Te sentirás mejor.

–Eso es imposible.

–Para mí todo lo imposible, es posible. Solo si te empeñas, puedes conseguir lo que pretendes.

–¿Para qué? Si eso no sirve para nada, lo he comprobado.

–¿Estás seguro? –no respondió–. Vuelvo a repetir: Deberíais entregaros a la policía. Os mandarían al juzgado y os pondrían la multa. Supongo que os darán un plazo para poder pagarla
.
–¿Crees que podremos salir de esta? –dijo en un hilo de voz.

–Sí, te lo prometo. –juntamos nuestros meñiques. Niall tenía unos ojos azules preciosos, nunca había visto uno cómo los suyos. Sus mejillas estaban sonrosadas. El rubio le quedaba muy bien. ¿Cómo se apañará para teñirse el pelo él solo?

–¿Te tiñes el pelo todos los días? ¿De dónde sacas el tinte? –pregunté.

–Eso ya es privado. –reímos.

–¿Sabes? –negué con la cabeza. Él sonrió de medio lado.

–Nadie me ha tratado tan bien cómo lo has hecho tú esta noche. Añoraba que alguien me diese… cariño. –hizo una mueca–  Raquel.

–Dime. –dije con una vocecita. El sonrió tímidamente.

–¿Puedo… puedo darte… un abrazo? –me sorprendí mucho. Niall me pedía que le diese amor. ¿Por qué no? Lo necesita más que nunca.

–Por supuesto. –nos abrazamos torpemente. Podía sentir su calor, un calor bastante agradable.

–Gracias, –me susurró– me he podido desahogar contigo. Ahora conoces al verdadero Niall. Creo, que eres la única.

–No tienes por qué darlas. Te lo mereces, rubio. –me abrazó más fuerte.

–Hueles realmente bien, Rachel. –me hizo sonreír. Nos separamos y se quedó mirando para arriba. Yo cerré los ojos.

Ahora lo entiendo todo. Niall había sufrido mucho, por eso hace todo esto. Tengo que hacer que se olvide de ello y que mire la parte positiva de las cosas.

(Narra Niall).

Creo que Raquel ya se ha dormido. Es ahora nunca. Me levanté con cuidado para no despertarla, acto seguido salí de la tienda y me puse las zapatillas. No me cambié de ropa, por la simple razón de que no me llevé el pijama. Me quedé unos segundos contemplando la cara adormecida de Raquel. Qué narices. Me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla. No sé por qué lo hice, pero fue como un impulso. Se me escapó una risilla. Me estaba poniendo rojo, nunca había besado a una chica en la mejilla. Cerré la cremallera de la tienda. Me salté la alta valla del jardín con un movimiento rápido. Me puse la capucha. Ella me ha hecho reflexionar, y sí, voy a hacer lo que ella me ha dicho. Sé que me va a costar decírselo a los chicos, pero es por el bien de todos. Quiero volver a ser feliz.



sábado, 23 de febrero de 2013

Capítulo 11.


(Narra Chari).

La comida estaba deliciosa. La carne estaba medio hecha y las nubes algo tostadas. Habíamos visto cantidades de estrellas fugaces, son preciosas. Ahora lo que tocaba, era dormir. Todos nos cambiamos y nos pusimos el pijama.

Me puse mi pijama de ovejitas de terciopelo, se dormía muy a gusto con él, es muy suave.

 Hacia años que no estaba tanto con Zayn. Recuerdo que de pequeños éramos como hermanos, inseparables. Pero cuando creces, todo cambia. Él se ha vuelto un chico revoltoso. Ha estado con todas las chicas del instituto. La gente le ve como un mujeriego, pero lo conozco desde que nací y Zayn no es así. Antes sacaba muy buenas notas, y ahora por juntarse con Harry, han caído en picado.

Estaré incómoda, lo sé. Voy a estar muy cerca suya, sintiendo su respiración, ¡no voy a poder!
Zayn siempre me ha gustado. Cuando lo conocí, fue cómo un flechazo. Cada vez que me dedica una mirada, me entran escalofríos. No sé de qué hablaremos. No tenemos tema para conversar. Cuando vi mi segunda estrella, deseé que todo fuera como antes. Lo echaba de menos.

–Hey, Chari, ¿te vienes ya? –me preguntó Zayn mientras se rascaba la nuca. Pestañeé varias veces.

–Claro, claro. Métete tu primero. –me hizo caso y se metió. Me coloqué el sujetador, tomé aire y suspiré. Entré con cuidado.

Él estaba tumbado, con los dos brazos detrás de la cabeza. Se le subió un poco la camiseta, enseñando sus perfectas y definidas caderas. Sin querer, me mordí el labio inferior, menos mal que Zayn no me prestaba atención. Me tumbé con suavidad.

Cogió la manta y la colocó por encima mía, pasando su brazo por encima de mis pechos, que finalmente, los rozó. Lo hacía a posta. Ahuecó la almohada y terminó tapándose. Soltó un pequeño suspiro.

–¿Tienes sueño? –me preguntó. No tardé en responderle.

–Sí, un poco, ¿por qué lo preguntas? –me giré un poco para mirarle. Él miraba para arriba.

–Porque, –movió un poco la cabeza para mirarme a los ojos– me gustaría hablarte de algo importante. –colocó su cabeza de nuevo mirando para arriba.

–Bueno, si se trata de algo importante, creo que podré aguantar. –estaba nerviosa. Zayn tragó saliva.

–Verás,  –se frotó los ojos con delicadeza. Después, se puso las manos detrás de la cabeza de nuevo– me gustaría pedirte una cosa. –estaba empezando a ponerme más nerviosa.

–Continúa.

–Pedirte perdón. Sé que desde pequeños estábamos todo el día juntos. Compartíamos risas y hacíamos todo tipo de trastadas. Pero cuando pasamos al instituto los demás me trataban como un empollón y un pringado. Pero conocí a Harry y él me convenció de que cambiara. Ser cómo él. Me dijo que sería lo mejor y no tuve otra opción que hacerle caso. Por esa estúpida decisión, hice que nos distanciáramos. Pasaba de ti olímpicamente y eso no estaba bien. –se me estaba acelerando el corazón. Todo lo que estaba diciendo era verdad–. 
Me chuleaba de ti cuando estaba con mis amigos, ¿y sabes? Me sentía fatal. Odiaba cuando te ibas corriendo, llorando por mi culpa. Por eso, quiero pedirte perdón por todo lo que te he hecho, cuando tú has hecho muchas cosas por mí. Fui un completo estúpido.

–No tienes por qué pedirme perdón, somos amigos, ¿no?

–Te equivocas. Porque algunas veces deseaba que desaparecieses, porque tú me hacías reflexionar sobre si seguir con la actitud de pasota que tenía. Y yo no quería volverme cómo lo que era antes, un empollón, porque estaba muy cómodo siendo un chulo de mierda. –se le estaba quebrando la voz, pero lo tapaba carraspeando un poco la garganta.

–Hey, hey ,hey, tú no eras un chulo de mierda. –extendí el brazo y le acaricié la mejilla. No sabía qué estaba haciendo. Apoyó su cabeza en mi mano.

–Claro que lo era, ¿acaso no te acuerdas de lo mal que me comportaba contigo? Dios mío. –se le escapó una lágrima. El agua salada recorrió mi mano.

–No llores Zayn. O lloraré también.

–Te portabas tan bien conmigo. Y encima yo te trataba cómo si no fueses nada. Cambié, pero a mal. –esta situación era muy difícil–. Por eso quiero que me pidas perdón por todo lo que he hecho. Y sé que con un perdón no es suficiente. –sonreí de medio lado–.

–Claro que te perdono, chico malo. –se giró rápidamente y me abrazó. Más bien, me estrujó. Me encantó.

–Zayn, Zayn, no me aprietes tanto, que no puedo respirar. –dije entre risas.

–Lo siento, entonces, ¿todo va a ser cómo antes? –estaba llorando y sonriendo a la vez, qué mono.

–Por supuesto. –se mordió el labio inferior esbozando a la vez una sonrisa. Nos quedamos un rato mirando, haciéndose silencio, pero no era incómodo.

–Me acuerdo cuando jugábamos al príncipe y a la princesa. –dije.

–¡Me encantaba ese juego! ¿Sabes por qué? –negué con la cabeza.

–Porque tú eras mi princesa y yo te protegía de aquellos monstruos malos. –dijo entre comillas. No pude resistirme, y le besé la mejilla.

–¿Y esto? –dijo él tocándose la zona en donde le besé.

–Porque te quiero. –¡Oops! Se me escapó, mal Chari, mal.

–¿Cómo algo más? –me cogió la mano.

–No, te quiero como amigo. –noté en su mirada desilusión. No iba a decirle que llevaba toda mi vida colada por él, no, qué vergüenza.

–Yo también te quiero. Ahora que recuerdo, me encantaría irme de nuevo a España, a Sevilla. Me lo pasaba cómo nunca contigo.

–Este verano, podríamos repetir. –se le iluminaron los ojos. Me apretó la mano.

–¿Lo dices en serio?

–Sí. Además mi abuela estaría encantada de que volvieses a aparecer por allí.

–¿Seguro? Porque la última vez que fui hice un gran destrozo.

–¿Hiciste? Querrás decir hicimos. Qué bien lo pasamos, aunque mi abuela pilló un gran berrinche.

–Normal, ¿quién no se iba a enfadar? Si le inundamos todo el cuarto de baño. –me reí.

–Nos pegó una gran palmada en el culo. Me acuerdo que dije que no te pegara, que no te lo merecías. –fue un momento muy bonito.

–¿Cuántos años teníamos? ¿Seis? –dije mientras soltaba una pequeña carcajada.

–Esa edad me encantaba, sobre todo porque pasaba todo el día contigo. Siempre hacia todo los deberes muy pronto para después poder ir a jugar contigo al parque. Amaba balancearte en el columpio.

–Zayn, eres un cielo. –tenía unas ganas terribles de plantarle un beso, pero esta vez, en los labios. Levantó nuestras manos un poco, y se quedó mirándolas.

–Ahora que me doy cuenta, tu mano encaja con la mía perfectamente. Es como si estuviera hecha sola para mí.

Nos abrazamos muy fuerte. Echaba de menos esto. No me acordaba de su olor, y es un olor muy dulce. Me acariciaba el pelo lentamente, me sentía mejor que nunca.

–Cuando vi mi segunda estrella, pedí que todo fuera cómo antes, y creo que se está cumpliendo.

–Fui un completo idiota al perderte. Ahora no te dejaré ir.

–Zayn, debes saber, que tú nunca me has perdido. Porque tenía la esperanza de que algún día, fueses cómo el Zayn que conocí a los tres años. –él me achuchó todavía más. Soltó un bostezo.

–Creo que deberíamos dormir ya, ¿no te parece? –Zayn asintió y me separé de él. Pero me apegó a su cuerpo.

–No, no, no. Quiero que durmamos pegados. No es mucho pedir, ¿verdad?

–Qué tonto eres. –apoyé mi cabeza en su pecho. Me susurró:

–¿Siempre?

–Siempre.

Finalmente, nos dormimos. Hoy había sido el mejor día de mi existencia. Cómo lo echaba de menos. Cómo echaba de menos al antiguo Zayn.

domingo, 17 de febrero de 2013

Capítulo 10.

(Narra Niall).

 No tenía planeado quedarme toda la noche. ¿Ahora qué hago? Los chicos se van a enfadar conmigo. Y ahora para colmo Raquel no para de hacerme rabiar, ¿qué quiere conseguir con eso? ¿Enfadarme más de lo que estoy? Ya sabía yo que no me lo iba pasar muy bien con ella. Es una pesada y se comporta como una niña pequeña. No pensaba que iba a ser así. Lo que más gracia me hace es que tengo que compartir tienda con ella, y lo peor es que tengo que contarle mi vida, y eso añade también mi pasado. Odio hablar sobre eso, recuerdo todo lo que me ha pasado y me vengo abajo. Lo único que haré es contárselo aunque me cueste, irme de madrugada y desaparecer. Raquel me trae problemas y no puedo llevármela conmigo. Todavía no sé si la autoridad también le busca, pero lo más seguro es que sí. Esto es una mierda, estoy confuso. Por una parte, quiero irme y que se olviden de mí, y por otra, estar con Raquel para… ¿protegerla? Bueno, supongo que será responsable y sabrá cuidarse, pero de lo tonta que es, a lo mejor hasta le arrestan. Tierra, trágame.

 –¡Niall, ven a ayudarme! ¿Dónde te has metido? –Raquel me sacó de mis pensamientos. Bajé del tejado, y por suerte, no me caí.
 –Qué te pasa ahora. –dije cruzándome de brazos.
 –No sé cómo se monta el bicho este. –qué imbécil. Estaba juntado varas que ni si quiera encajaban.
 –Ten cuidado, a ver si las vas a romper. –se las quité de las mano. Busqué otra vara y la junté con la que tenía en la mano. En un abrir y cerrar de ojos, acabé de montar la tienda.
 –¿Cómo lo has hecho? Increíble. –¿Increíble? No es tan complicado.
 –No es tan difícil. Eres tú, que no sabes hacer nada. –como sabía que me iba a pegar, me aparté.
 –Ni que te fuera a matar, rubio. –¿Rubio? ¿Otra vez?
 –¡Sabes perfectamente que no quiero que me llames así! –me puse cara a cara con ella. Me puse un poco nervioso, estaba muy cerca, así que, me eché para atrás.
 –Oh, vamos Niall. ¿Prefieres que te llame rubio de bote? –eso ya no se lo consentía. Entonces, cedí.
 –Vale, llámame rubio. Pero déjame llamarte mongola. –no se me ocurría otra cosa, y solté lo primero que se pasó por la cabeza.
 –No, mongola no. Suena como si fuera, tonta. –me encogí de hombros.
 –Es que lo eres. Y lo siento. –me pegó muy fuerte, abrí mucho los ojos mientras me reía.
 –Uy sí, qué daño. –dije con tono burlón. Si ella me saca de mis casillas, yo también. Me miró subiendo una ceja.
–¿Qué pasa, no hablas? –estaba mirando por encima de mi hombro, se estaba riendo.
 –Dios. –me giré, y no pude contener la risa.
 –¡No hay derecho! Me estoy mareando. –Liam estaba metido en un saco de dormir y Harry le empujaba con la pierna para que rodara.
 –Has perdido la apuesta. Es que soy el mejor en el pulso. –dijo Harry tocándose los bíceps.
 –¡Has hecho trampa! Louis me hizo cosquillas.
 –¿Yo? ¿Cómo puedes acusarme de algo que no he hecho? –dijo señalándose.
 –Pobrecito Liam. –dijo Raquel. Se me ocurrió hacer una locura. Me acerqué al tejado, donde solo había nieve y cogí un gran puñado. Apreté bien la nieve, y se la lancé a Harry. ¿Y ahora cómo disimulo? Como no sabía qué hacer, miré al cielo.
 –Niall, no mola. Estaba distraído. –dijo mientras Zayn le quitaba la nieve.
 –¿Qué dices? Estás loco. –vi cómo Raquel se alejaba de mí. Entró en la casa con las demás. Louis me tiró una bola. Empezamos una guerra de bolas de nieve.
 –¡Eh, ayudadme! No puedo salir del saco. Tíos, esto no me gusta. –pasamos de Liam y seguimos a lo nuestro.

 (Narra Raquel).

 Busqué leña con Aída en el trastero. Mientras ella cogía más troncos, me puse a mover muebles porque vi una guitarra detrás de ellos. La cogí y soplé, haciendo que una nube de suciedad saliera de la guitarra.
 –Cristina hace mal en guardarla en este sitio. –negué con la cabeza.
 –¿Sabes tocarla? –preguntó Aída.
–No. Pero, voy a llevármela. Quién sabe, a lo mejor uno de nosotros sabe tocarla.

 Aída se llevó toda la leña que pudo y yo cogí la guitarra. Ya era la hora de cenar. Entramos en el jardín y todo estaba colocado: había taburetes, mantas, una mesa, platos, cubiertos, nubes y carne para asar.
 –¿Por qué traes la guitarra de mi padre? –dijo Cristina. En ese momento, a Niall se le iluminó la cara. Se dirigió hacia mí.
 –Es preciosa.
 –Hombre, eso ya lo sé. –dije echándome el pelo para atrás.
 –Tú no. La guitarra. –me la quitó de las manos. Reí.
 –Hacia tiempo que no tocaba una de estas. –se sentó en un taburete y empezó a tocar una canción que no conocía.
 –¿Sabes tocar la guitarra? –dijo Virginia sentándose a su lado. 
–Me encanta. La tocaba desde pequeño. –tocaba realmente bien.
 –Voy a encender la fogata, apartaros. –Cristina encendió una cerilla y la tiró a la leña.
 –¡Acabo de ver una estrella fugaz! –dijo Chari mirando al oscuro cielo. 
–¿Y has pedido un deseo? –preguntó Zayn.
 –Se me olvidó. –puso una mano en su frente. Zayn se rió de ella.
 –Bueno, iros sentando. Que yo pongo la carne. Y ayudad a Liam a que salga del saco, que lleva ahí toda la tarde.
 –Gracias, Raquel.
 –No hay de qué, cielo.

 Todos me hicieron caso y cogí los filetes de ternera. Puse la parrilla en la lumbre y con las tenazas pillé un filete. Qué buena pinta tenía. Harry sacó a Liam y le dio unas palmaditas en el hombro, él estaba serio, pero al final rió achinando los ojos. Comimos y Virginia abrió la bolsa de nubes. Repartió tres para cada uno porque en la bolsa había treinta. Acerqué una al fuego, la dejé un rato y finalmente soplé un poco. Justo en el momento en el que me la iba a comer, Niall cogió mi palo y se comió la nube de un bocado.
 –¡Pero bueno! –abrí mucho los ojos y fruncí el ceño.
 –Qué rica –decía mientras masticaba– está en su punto. –le di una colleja.

sábado, 16 de febrero de 2013

Capítulo 9.

(Narra Raquel).

 Nada más llegar a casa me metí de cabeza en la ducha. Necesitaba que mi cuerpo entrara en calor. Cuando terminé de secarme el pelo, me dirigí a mi habitación para vestirme. Abrí el armario y cogí unos pantalones pitillos color violeta, una camiseta ancha de hombro caído blanca y debajo una de tirantes de color gris. Me puse unas Nike y me hice una trenza. Acto seguido bajé. Toda la casa olía a chocolate caliente, cada vez tenía más hambre. Miré el reloj. Eran las cuatro de la tarde. Cuando bajé no encontré a Cristina, ¿dónde narices se habrá metido? Escuché cómo alguien rebuscaba en el trastero. Efectivamente, era Cristina.

 —¿Se puede saber qué estás haciendo? —pregunté.
—Mientras hacía el chocolate, me acordé de que tenía varias tiendas de campaña guardadas en el trastero. Y se me ha ocurrido...
 —¿Qué has inventado ahora? —le interrumpí.
 —Pues como tenemos un jardín bastante grande... he pensado que esta noche podríamos acampar, hacer una fogata, comer nubes... no me digas que no es una idea irresistible. —me giñó un ojo.
 —La verdad, es que no me convence mucho. —ahora lo que faltaba era que me pusiese su típica cara de cachorrito.
 —Por favor, por favor, por favor, por favor. —mierda. Resiste Raquel.
 —No.
 —¿Pero por qué? Si es muy divertido. Además en una tienda caben dos personas, y ya sabes. —subió las cejas. Le miré seria. Se hizo silencio. Entonces suspiré.
 —Bueno, de acuer- —me cortó la palabra abrazandome mientras decía miles de veces "gracias", tampoco es que fuera para tanto, pero se le notaba que le hacía ilusión. Y, ¿por qué no? Sonaba entretenido. Además, podría hablar con Niall con más privacidad. Pero ahora que lo pienso, ¿tendría que dormir con él? Suena mal, pero es necesario. Cristina todavía estaba sacando las tiendas.
—¿Cuántas tienes?
 —Pues, unas cuantas. Cuando era pequeña iba a los Scouts, me encantaba. Y esta noche voy a recordar lo bien que me lo pasaba. —dió pequeños saltitos de felicidad.
 —Voy a poner la mesa.
 —Vale.

 Cogí diez tazas y diez cucharas. Puse primero el mantel. Había diez sillas justas. Miré el reloj otra vez. Eran ya las cinco y media. Tocaron el timbre. Fui a abrir. Eran Virginia y Liam.
 —¡Hey, hola! —le di dos besos a cada uno. Virginia se giró y le dijo adiós a un chico pelirrojo que se alejaba montado en un coche.
 —¿Quién es? —dije.
—Es mi hermanastro Ed, nos ha traído a Liam y a mí. Hemos hecho galletas de chocolate en mi casa.
—Liam me extendió las galletas con una media sonrisa.
 —¡Qué pinta tienen! Ha sido todo un detalle. Gracias. —les abracé. Hacia bastante que no comía galletas caseras. 
—No ha sido nada. Aunque se nos han quemado las galletas varias veces porque Liam se distraía. 
—Bueno, no me distraía, solo que no prestaba atención. —se encogió de hombros.
Nosotras reímos. Pasamos y se sentaron en la mesa. Dejé las galletas en la cocina. A Cristina se le iluminó la cara.
—¿Quién las ha traído? —me las quitó de las manos.
 —Las han hecho Liam y Virginia. —volvió a sonar el timbre. Salí corriendo y abrí. Era Harry.
 —¡Hola, Rachel! —me abrazó. ¿Rachel? Me gusta el nombre. Entró sin que le diera permiso.
—¡Cristina! —gritó cantando. Ella se asomó. Corrió hacia él.
 —Hola amor. Me quedé en la puerta, para ver si venía alguien más.
Llegaron los que faltaban, menos Niall. Quién sabe, siendo como es, habrá cambiado de idea y estará por ahí haciendo lo que le sale de las narices. Bueno, solo queda esperar. Cerré la puerta. Me acerqué a la mesa.
 —Raquel, ¿puedes ir a por las servilletas? Se me han olvidado. —dijo Cristina. Asentí. Abrí el armario, y no las encontraba. Seguí buscando y escuché un estruendo en el pequeño patio de la cocina. Miré por el cristal de la puerta para comprobar qué era, pero no vi nada. Abrí la puerta suavemente y me encontré a Niall.
—Dios, qué dolor. —se frotaba el culo. Me restregué la mano por la cara.
 —¿No puedes entrar por la puerta, como todo el mundo?
—Me perseguían.
 —¿Quiénes? —le dejé entrar.
 —Unos. —en ese momento, entró Cristina.
 —Raquel, cuánto te fal... ah, hola Niall.
 —Hola. —dijo él.
 —¿Qué te ha pasado? Tienes los pantalones mojados.
—Es solo que se ha meado encima.—reí y el me miró con desprecio.
 —Me resbalé con el hielo mientras iba de camino. —mintió.
—¿Por dónde has entrado? Porque no he escuchado que llamaran a la puerta.
—Claro que he entrado por la puerta. ¿Verdad, Raquel?
—Por supuesto. No es que haya entrado por el patio de la cocina ni nada por el estilo, no que va. —dije con tono irónico. El me pisó. Aguanté el dolor.
 —No os creo. —dijo Cristina.
—¡Te estoy diciendo la verdad! —lo dijimos a la vez. Nos miramos extrañados.
—Que era broma, idiotas. —dijo ella cogiendo las servilletas. Después se largó. Le seguí. —¡Espera un momento! Hay un problema.
—Cuál. —le miré.
 —¿Es que no me ves? Estoy empapado. Aunque no lo creas, me da vergüenza. —subí una ceja.
 —Espera aquí. —me fui al baño de la planta baja. Cogí el secador. Volví a la cocina.
—Si piensas que me vas a secar con eso, te vas a tirar una vida.
 —Oh, entonces lo guardo.
—No, no, no, no, por favor. Esta sensación de frío en los huevos, no es muy agradable. —enchufé el secador y lo puse a máxima potencia.
 —¡Oye, que quema!
 —Deja de quejarte. Date la vuelta. —dio la vuelta rápidamente. Al fin se le secaron los pantalones y dejé el secador en su sitio. Me salí por fin de la cocina. Niall no venía.
—¡Venga, rubio! —me senté.
—¡No me llames así! —gritó. Al fin, vino.
—Hey. —dijo serio, hubo un pequeño silencio.
—¡Qué pasa tío! —Zayn se levantó y le estrechó la mano. Niall estaba confuso.
 —Por fin vienes. —dijo Harry con una media sonrisa.
—¿Qué habéis estado haciendo en la cocina? —preguntó Louis.
—Sencillamente, le estaba secando los pantalones. —me encogí de hombros. Todos se rieron menos Niall, que me miraba mientras bufaba. 
—¿Podemos comer ya? —dijo Chari viendo cómo el chocolate humeaba.
 —Desde luego. —me levanté y cogí su taza. Hice lo mismo con todas hasta que cogí la de Niall. Solo la llené un dedo.
 —Esto es muy poco. Quiero más. —extendió su taza. La cogí. La llené hasta el filo.
—¡Pero no tanto! Quiero menos.
—¿Te aclaras o no? Si no quieres chocolate, habérmelo dicho desde el principio. —volqué un poco su taza encima de la cacerola quitando un poco de chocolate.
—¡No, espera! Me conformaré... —finalmente, me llené mi taza.
 —¿Habéis terminado de chincharos ya? —dijo Cristina— tengo que comentar una cosa.
—Adelante. —dije.
—No sé si os gustará la idea, pero me he acordado de que tenía varias tiendas guardadas. Y bueno, podríamos acampar en el jardín, hacer fuego, comer nubes... ¿qué os parece?
 —Suena divertido. —dijo Aída pegándole un mordisco a una galleta de chocolate.
—¿Quién ha hecho estas galletas? Porque están deliciosas. —dijo.
—Nosotros. —dijeron Liam y Virginia al mismo tiempo. Aída volvió a morder.
—A mí me encanta la idea. —dijo Harry— además, esta noche se despejará el cielo y habrá estrellas fugaces.
 —¿En serio? —Liam se emocionó.
 —Enserio.
 —¿Cuántas personas caben en una tienda? —preguntó Zayn. 
—Dos personas. —respondió Cristina. Se puso la mano en la frente nervioso.
—¡Me está gustando más la idea! —rió Harry— ¿Tenéis alcohol?
 —Claro que tenemos, pero son de los padres de Cristina. —dije. 
—Entonces, ¿todos queréis?
 —¡Sí!
 —¿Y tú, Niall? —todos le miraron. 
—No. —dijo rotundo. Mierda, ¿ahora qué? Tenía que convencerle.
—Venga, Horan, enrróllate. —le pegué un puñetazo suave en el hombro.
 —No quiero compartir tienda contigo. —hice una mueca.
 —Solo será esta vez, ahora no te pongas así. —le di golpecitos en la mejilla con el dedo. Se apartó.
—De acuerdo.
 —Pues entonces —se levantó Cristina— ¡quitemos la mesa y montemos las tiendas!

Quitamos la mesa rápidamente, pero Niall pasó y se sentó en el sofá. Me quité el coletero de la trenza y se lo tiré a la cabeza. Pasó Zayn por mi lado con algunos platos que quedaban y le paré.
 —Bueno, lo que te estaba diciendo. —me miró con cara de interrogación.
 —¡Au! ¡¿Quién me lo ha tirado?! —Zayn se fue poniendo los ojos en blanco mientras suspiraba. Escuché que se reía. Le seguí sigilosamente.
—Raquel... —me giré despacio. Niall me tiró un cojín, pero lo esquivé.
 —¡Hasta mi abuela tiene más puntería que tú!
—¡Joder! —sali corriendo y él también. Entré al jardín donde estaban todos quitando la nieve y montando las tiendas. Me puse detrás de Virginia. La cogí de los brazos.
 —¡Socorro! Me están utilizando de escudo. —entonces Zayn me cogió haciendo que soltara a Virginia.
—¡Eh, eh! ¡Eso no vale! —dije frunciendo el ceño.
—Gracias tío. —Niall me tiró del pelo. Lo tenía suelto ya que me había quitado el coletero para tirárselo a Niall a modo de tirachinas.
 —¡Para! Me dejarás calva. —el rió. Zayn me soltó— los dos estáis compinchados.
 —No haberme tirado esto. —me enseñó el coletero. Fui a cogerlo, pero se lo escondió detrás de la espalda.
—¡¿Ya estamos?! —fui a cogerle su brazo izquierdo, pero este subió el derecho donde tenía el coletero.
 —Demasiado lenta. —Chari le quitó el coletero de la mano. Niall abrió los ojos. Zayn se rió.
—¿No te lo esperabas, eh? —dijo Chari devolviéndome mi coletero. Los cuatro nos pusimos cara a cara. —Tontas.
 —Idiotas.
—Locas.
 —Cabrones.
—Capullas.
—Gilipollas.
—Perras. —pasó Liam por en medio separandonos.
 —Venga, no os peléis ahora, que queda mucha tarde por delante. —cada uno nos fuimos por nuestro lado.

lunes, 4 de febrero de 2013

Capítulo 8.


(Narra Raquel).

 Me lo estaba pasando muy bien. Harry y Louis tenían los pantalones y el abrigo mojados, a causa de la nieve. Creo que como no se cambien ya, pillarán un catarro bastante gordo. La verdad, sigo sin entender a Zayn. Dijo que Niall le parecía simpático cuando le había tratado de esa manera. No conozco mucho a Niall, aunque me gustaría que me contara su vida. A lo mejor tiene algún problema con su familia o algo así. Quizás sea eso lo que le hace tan insoportable y borde. Supongo que Zayn tiene esperanzas de que Niall es bueno en el fondo, pero muy en el fondo. Sé que esto sonará algo extraño, pero me gustaría que esta tarde por casualidad apareciese Niall de la nada y que estuviera allí conmigo, en casa. No es porque me gusta y tal, sino porque tengo curiosidad de saber por qué se comporta de esa manera con los demás. Y en especial conmigo. En ese momento, Aída me llamó la atención.

–Raquel, ¿no es ese Niall el que va corriendo con todos esos chicos? –fijé mi mirada donde me había indiciado Aída. Asombrada y sin pensármelo, salí corriendo.
–Esperadme, ya vuelvo. Y no os preocupéis por mí.
Me alejé lo bastante como para no escuchar lo que me decía Aída. “¿En qué lío se habrá metido ahora?” pensé mientras salía del parque y me quedaba de pie en la acera mirando de izquierda a derecha. A mi lado, había una chica sentada en un banco con su bicicleta en el suelo. No me lo pensé dos veces.

–¿Cómo te llamas?
–Yo Mirella. –se cruzó de piernas.
–Déjame tu bici, por favor.
–¿Por qué? ¿Qué vas a hacer con ella?
–Luego te lo explicaré. Ahora debo darme prisa. –en un movimiento rápido incorporo la bici y me subo en ella. Hacía tiempo que no me subía en una de estas, pero me las puedo apañar. Me puse el gorro de el abrigo y me lo abroché. Empecé a pedalear lo más fuerte posible. Pude escuchar que Mirella me decía “¡Cuando me la devuelvas, no quiero verle ningún rasguño! ¿Entendido?”. Pude ver a dos policías corriendo detrás de un grupo de chicos. Delante estaba Niall, así que tuve que pedalear todavía más fuerte. Había chicos que me miraban algo extrañados, pero pasé de ellos. Ya estaba al lado de Niall.

–¡Niall, rápido sube! ¡No te lo pienses, coño!
–¿Qué haces aquí? –no le pude entender bien, ya que estaba corriendo a más no poder y necesitaba aire.
–Salvarte de un gran aprieto. ¿Subes o no? –asintió.
Me puse de pie sobre los pedales dejando el sillín libre para él. Uno de sus amigos se acercó. Le dijo “Ya sabes donde estaremos. Vamos a despistar a estos dos dividiéndonos. Ten cuidado” en ese momento Niall se sentó en el sillín. Aceleré el ritmo. Sentí que Niall miraba para atrás, porque me estaba agarrando por la cintura. Noté que él estaba algo asustado. ¿El motivo? Se agarró más fuerte a mí y apoyó su cabeza en mi espalda. Me metí por un callejón que no tenía salida. Paré de pedalear.

–Eh, Niall, que ya hemos parado. Puedes soltarme. –se bajó rápidamente. Yo me reí un poco.
–¿Por qué? –ahora me miraba preocupado.
–¿Qué pasa? –dejé la bicicleta apoyada en la pared y me metí las manos en el bolsillo.
–¿Que qué pasa? Pasa, que ahora por lo tonta que eres, puede que a partir de ahora también la policía te busque por haberme ayudado a escapar.
–No importa. –vi que cerraba los puños con fuerza.
–Tú no sabes en qué lío te acabas de meter, Raquel. No sé por qué lo has hecho. Desde luego, no piensas.
–Niall, no han debido de verme mucho. No es problema. –miraba al suelo. No quería mirarle en este momento.
–¿Y si no es así? Deberías haberte quedado con tus amiguitos, en vez de ayudarme. Y vuelvo a preguntar, ¿por qué?
–Quiero conocerte. –bufó.
–¡Ya me conoces!
–No Niall, te equivocas. Yo no conozco al verdadero tú. Y debo saberlo. –se quedó callado. – Además, tienes que protegerme de los polis malos.
–No es un juego. Y además, no creo que aguante estar mucho contigo.
–¿Te quieres callar? Ahora, escúchame. Hoy hemos quedado en mi casa a tomar chocolate caliente. Creo que pasaremos toda la tarde allí. Quiero que me lo cuentes todo, detalle a detalle.
–No puedo dejar a los demás solos. –se mordió el labio inferior.
–No se van a morir porque les dejes una tarde solos. Son lo bastante mayores como para que se cuiden ellos mismos. Vente, por favor. –le cogí un mano. Estaba helada. Le apreté para que sintiera mi calor. Pero él la quitó de inmediato. Se tocó el pelo. Hubo un silencio incómodo.
–A qué hora.
–A las cinco y media. Vivo en…
–No, no hace falta que me lo digas. Sé donde está la casa de Cristina. –¿Cómo mierda lo sabía? Se colocó su capucha como de costumbre y empezó a caminar.
–Un momento Niall.
–Qué pasa. –se paró, pero no se giró para verme.
–¿Me vas a devolver mi gorro? –esta vez si se dio la vuelta.
–Eres una pesada. Puede que sí, puede que no. –le saqué la lengua. Él me enseño el dedo. Entonces, desapareció.
Cogí la bici y volví al parque. Me encontré a Mirella todavía en el banco, tomándose unas pipas. Cuando aparecí, sonrío.
–Veo que la has traído sana y salva. –le dejé la bici y ella se montó.
–Gracias, enserio. Me llamo Raquel. –me guiñó.
–No ha sido nada, guapa. –después de esto, ella se marchó. Alguien me abrazó por detrás. Escuché su risa y al instante supe que era Cristina.

lunes, 28 de enero de 2013

Capítulo 7.


(Narra Niall).

Me quiero ir de aquí. No sé qué estarán haciendo Josh y los otros, no sé porque me acerqué a Cristina a hablar con ella solo porque quería saber dónde estaba Raquel. ¿Para qué quiero yo saber eso? La odio. Espero que esto termine pronto.
–Eh Niall, ¿por qué están tan serio? –¿Por qué mierda Zayn me preguntaba eso?.
–A ti no te importa. –Me tiró un trozo de servilleta. Cerré los ojos y respiré hondo. Me estaban jodiendo, y mucho. Todos empezaron a tirarse bolas de servilleta.
–Estúpidos. –Me levanté y me fui. Recibí un mensaje de Josh. “¿Dónde te has metido? Estamos en el sitio de siempre, date prisa” corrí lo más que pude, me metí por muchos callejones hasta llegar a un bloque abandonado. Subí las escaleras, con cuidado, estaban algo oxidadas y tenían hielo. Cogí la llave y abrí la puerta del piso. Allí estaban todos.

(Narra Raquel).

Se había ido. ¿Solo porque Zayn le había tirado una bola de servilleta minúscula? Le molesta todo. Yo ya había terminado de comer, pero a los otros les faltaba un poco.

–¿Qué os parece si esta tarde os venís a mi casa a tomar chocolate caliente? –Cristina ya estaba haciendo planes, cómo no.
–Me parece una idea perfecta, amor. –Harry le puso la mano encima de la pierna de Cristina. Seguro que ella se estaría muriendo por dentro ahora mismo.
–Si no causo molestia, vale. ¡Hacía tiempo que no tomaba chocolate caliente! –Liam parecía un niño pequeño. Me hizo reír.
–No causas molestia, eres mi amigo, ¿no?
–Gracias, Cristina. Oye Virginia, ¿tienes planes esta tarde? –todos nos pusimos a pegarle codazos a Liam–. –No, por suerte no tengo nada que hacer hoy.
–¿Tú vas, Zayn? –preguntó Chari.
–Si vas tú, yo no voy. –dijo.
–Vosotros dos venís, y punto. Y deja de ser tan frío con Chari, Zayn. –dijo Crsitina. Zayn hizo una mueca.
 –Louis, ¿te apuntas? –dijo Aída con una sonrisa de oreja a oreja.
–Sí, me habéis caído bien.
–De acuerdo, entonces esta tarde a las cinco y media en mi casa. Tomad mi dirección. –Cristina siempre llevaba un bolígrafo encima por si acaso. Cogió una servilleta y escribió la dirección. Todos sacaron el móvil y la guardaron en una nota. Llegó el camarero.
–¿Habéis terminado ya?
–Sí, ¿cuánto es? –El camarero le enseñó la cuenta a Harry.
–Tome. –le dio varios billetes.
–Gracias por invitarnos, ha sido todo un detalle. –le guiñé.
–¿Casi estamos en Navidad, no? Hay que portarse bien.
–Faltan unos ocho días. –Eso no importal, Raquel. –Salimos. Hacía mucho frío. ¿Dónde diablos se habrá metido Niall? Bueno, que más dará.
 –Pues, a mí Niall me parece simpático. –dijo Zayn mientras se tocaba el pelo. ¿Cómo podía decir eso, si Niall se ha comportado como un idiota? Estuvimos hablando sobre el tema, y acabamos en un parque que no había visto antes. Chari se echó a la nieve e hizo un ángel en ella.
–Niñata. –dijo Zayn echándole nieve con la pierna.
–¡Que me dejes en paz!
–Vale, no me pegues.
–Pelo rizado. –Louis hizo una bola gigante de nieve y se la tiró a Harry. Le mojó todo el culo.
–¡Dios, qué frío!
–Tengo muy buena puntería. –Harry se acercó más a él, cogió un poco de nieve.
–¿Qué quieres hacer con eso?
–Come nieve. –Harry le restregó toda la nieve en la cara. Louis se quedó con los ojos cerrados. Harry se partía de la risa. Mientras, Liam, los demás y yo decidimos hacer un muñeco de nieve.
–Venga chicas, primero, hay que hacer el cuerpo.
–Vale. Lo hago yo. –Cogí un poco de nieve e hice una pequeña pelota,  que cada vez se hacía más, y más grande.
–¿Así está bien?
–Sí, solo hace falta hacer dos bolas más. –Liam disfrutaba mucho. Era un chico muy amigable. Creo que nos llevaremos muy bien, lo intuyo. Es una persona genial. Terminamos de darle forma a la nieve y Cristina envolvió al muñeco con su bufanda, Virginia se quitó el gorro y se lo puso a éste. Aída le hincó dos ramas. Chari le puso piedras pequeñas en la cara.
–Y ahora qué hacemos, no tenemos zanahoria. –Zayn se tocaba la barbilla. Hacía que pensaba.
–Le ponemos una piedra y ya está. –le puse otra piedra al muñeco.
–Ya, pero es que no es lo mismo.
–Zayn, que te calles.
–Que así no me gusta.
–¡Zayn, mierda ya!
–No os gritéis. –Liam intentaba hacer paz.
–Vamos a echar una foto. –Virginia se sacó una canon del bolso y la colocó en un banco que estaba cerca de nosotros. Le puso el temporizador. Nos colocamos. Justo unos segundos antes de que saltara el flash, Louis y Harry saltaron encima del muñeco aplastándolo. Fui a ver la foto. Salíamos todos normales, pero Louis y Harry aparecían encima del muñeco, todo destrozado.
–Par de idiotas. –dije.