(Narra Raquel).
Ahora era el momento. Niall me lo iba a contar todo.
Estamos los dos metidos en la tienda, sin hablar, pero decido romper el
silencio.
–Niall, quiero que seas lo más sincero posible conmigo,
necesito que me digas la verdad. –dije seria.
–¿Qué quieres que te diga? –me daba la espalda.
–Todo.
–No creo que sea buena idea, Raquel.
–Sí es buena idea, venga, cuéntamelo todo.
–Es más difícil de lo que parece…
–Sé que te resulta duro, pero por favor, cuéntamelo.
–suspiró muy fuerte.
–Cuando era pequeño todo iba normal, éramos una familia
feliz y adinerada. Yo iba a la escuela, tocaba la guitarra y también cantaba
algo, eso me encantaba. Pero, más adelante, mis padres se divorciaron. Ese día
estaba yo en la calle, con mis amigos. Volví a mi casa no muy tarde, y me
encontré a mi madre con moratones por todo el brazo, –paró un poco para
respirar hondo, después siguió– había sido mi padre.
Él desapareció. No le he
vuelto a ver la cara desde aquel día. Tuve que cuidar a mi madre durante varios
años porque cayó enferma. Mi hermano Greg se fue con mi padre, los dos estaban
muy unidos. Siempre nos habíamos llevado muy bien, pero conforme él iba
madurando, se comportaba muy mal conmigo, hasta llegar al punto de la
violencia. –dios mío, este chico necesita amor–.
Finalmente, mi madre murió de
cáncer. Me quedé solo, y me metieron en un orfanato. Me daba mucho asco ese
ambiente, así que me escapé con otros chicos que opinaban lo mismo.
–¿Esos chicos son con los que te juntas ahora?
–interrumpí. Él asintió con la cabeza
levemente.
–Ahora dormimos en un piso que ni si quiera es nuestro.
Vivimos de lo que robamos e intentamos ser muy cuidadosos con lo que hacemos.
–se giró dejando de darme la espalda. Estaba llorando, resopló.
–Perdóname si alguna vez
te he hablado mal, pero es que es
inevitable. Yo solo siento odio dentro de mí, y me libro de él tratando a los
demás cómo si fueran una mierda. Cosa que no se merecen, y me arrepiento. –no
me miraba a los ojos, sino a un punto fijo.
–Tranquilo, con todo lo que te ha pasado es normal. Eh,
Niall, mírame. –me miró con los ojos cristalizados.
–Mi pasado me atormenta, es demasiado. No creo que una
persona pudiera vivir con todo lo que siento, pero aquí estoy. También tengo
miedo de que me encarcelen.
–No creo que te encarcelen por lo que has hecho. Has
robado, solo os harán pagar una multa. –se mordió el puño.
–¿Y de dónde sacamos el dinero, robando también?
–No, yo os ayudaría.
–De ninguna manera, no quiero. No vas a pagar por algo
que no has hecho.
–Me da igual, porque somos amigos, y los amigos se apoyan
en todo momento, ¿no lo
sabías?
–De eso ya ni me acuerdo. –le temblaba el labio.
–Pues yo te lo voy
a ir recordando lo que vale la amistad.
–¿Qué quieres decir con eso?
–Que deberías dejar todo lo que estás haciendo y venirte
conmigo. –subió una ceja.
–¿Eso quiere decir dejar a mis amigos? –asentí.
–Y también creo que deberíais entregaros, y en cuanto a
lo del dinero, no importa. Ya nos la apañaremos.
–Tú estás loca. –me susurró.
–Intento que superes el odio. Te sentirás mejor.
–Eso es imposible.
–Para mí todo lo imposible, es posible. Solo si te
empeñas, puedes conseguir lo que pretendes.
–¿Para qué? Si eso no sirve para nada, lo he comprobado.
–¿Estás seguro? –no respondió–. Vuelvo a repetir:
Deberíais entregaros a la policía. Os mandarían al juzgado y os pondrían la
multa. Supongo que os darán un plazo para poder pagarla
.
–¿Crees que podremos salir de esta? –dijo en un hilo de
voz.
–Sí, te lo prometo. –juntamos nuestros meñiques. Niall
tenía unos ojos azules preciosos, nunca había visto uno cómo los suyos. Sus
mejillas estaban sonrosadas. El rubio le quedaba muy bien. ¿Cómo se apañará para teñirse el pelo él solo?
–¿Te tiñes el pelo todos los días? ¿De dónde sacas el
tinte? –pregunté.
–Eso ya es privado. –reímos.
–¿Sabes? –negué con la cabeza. Él sonrió de medio lado.
–Nadie me ha tratado tan bien cómo lo has hecho tú esta
noche. Añoraba que alguien me diese… cariño. –hizo una mueca– Raquel.
–Dime. –dije con una vocecita. El sonrió tímidamente.
–¿Puedo… puedo darte… un abrazo? –me sorprendí mucho.
Niall me pedía que le diese amor. ¿Por qué no? Lo necesita más que nunca.
–Por supuesto. –nos abrazamos torpemente. Podía sentir su
calor, un calor bastante agradable.
–Gracias, –me susurró– me he podido desahogar contigo.
Ahora conoces al verdadero Niall. Creo, que eres la única.
–No tienes por qué darlas. Te lo mereces, rubio. –me abrazó
más fuerte.
–Hueles realmente bien, Rachel. –me hizo sonreír. Nos
separamos y se quedó mirando para arriba. Yo cerré los ojos.
Ahora lo entiendo todo. Niall había sufrido mucho, por
eso hace todo esto. Tengo que hacer que se olvide de ello y que mire la parte positiva
de las cosas.
(Narra Niall).
Creo que Raquel ya se ha dormido. Es ahora nunca. Me
levanté con cuidado para no despertarla, acto seguido salí de la tienda y me
puse las zapatillas. No me cambié de ropa, por la simple razón de que no me
llevé el pijama. Me quedé unos segundos contemplando la cara adormecida de
Raquel. Qué narices. Me acerqué a ella y le di un beso en la mejilla. No sé por qué lo hice, pero fue como un impulso. Se me escapó una risilla. Me estaba poniendo rojo, nunca había besado a una chica en la mejilla. Cerré
la cremallera de la tienda. Me salté la alta valla del jardín con un movimiento rápido. Me
puse la capucha. Ella me ha hecho reflexionar, y sí, voy a hacer lo que ella me
ha dicho. Sé que me va a costar decírselo a los chicos, pero es por el bien de
todos. Quiero volver a ser feliz.