(Narra Raquel.)
–Hola, yo soy Harry. Éstos son Zayn, Cristina y Chari.
–Encantado. –Liam se mostraba muy simpático.
–No pasa nada Harry. Solo hemos tenido una simple caída, causada por mí.
–Entonces, todo bien, ¿no?
–Sí, no te preocupes. Ya sabes que soy muy patosa. –Dije dándole un golpecito en el hombro.
–Tengo un idea, ¿qué tal si nos vamos todos a comer? Y así nos conocemos mejor.
–Yo no tengo que hacer nada importante hoy, por qué no. –Virginia era una chica muy tranquila. Me transmitía paz.
–Vamos a patinar un poco más y nos vamos, que tengo mucha hambre.
Cristina nunca cambiaba. Todos se pusieron a patinar, y encima, en pareja, pero Chari se apartaba de Zayn. Liam solo sonreía y miraba al suelo. Me quedé sola, parada ahí en medio de la pista. Reaccioné. No es que me sintiera muy bien en ese momento. Entonces, Niall se me vino a la cabeza. Empecé a morderme el labio y a quedarme pensativa. Decidí irme de allí. Me acerqué a Cristina.
–Me voy de aquí. He pensado en aprovechar el tiempo e ir a comprarte el regalo. Llamadme cuando valláis a comer.
–De acuerdo, está bien. Ten cuidado.
Le di un abrazo corto. Salí de allí y me senté en el banco quitándome los patines y poniéndome mis botas. Los dejé en el mostrador y una chica muy simpática me dijo gracias. Por lo menos, ella me había alegrado un poco el día. Mientras caminaba por la calle pensaba en lo de esta mañana. Las noticias. ¿Qué estarán haciendo ahora? ¿Robando? Ó, ¿Le habrán pillado ya? Esas preguntas no paraban de rondar en mi cabeza. Vi una tienda muy interesante y me dirigí a ella. Antes de entrar, me había topado con alguien. ¿Quién será ahora? Levanté la vista, y era Niall.
–Hola. –dijo con una risilla–.
–Hola. ¿Qué tal vais?
–¿Por qué lo preguntas? –le miré a los ojos.
–Os están buscando. Esta mañana habéis salido en las noticias. –puso cara de no entender nada.
–¿Nos buscan? –soltó una carcajada suave–. Si te preocupas por nosotros, allá tú. No nos cogerán, eso tenlo por seguro. –Se lo tenía muy creído. Estaba bastante seguro de que eso no iba a pasar.
–Vale, entonces, no me preocupo. ¿Me dejas entrar en la tienda? Quiero comprar una cosa.
–Si quieres, te la robo.
–¡No, ni hablar! Me meterías en un lío.
–Venga, no será muy complicado.
–Te he dicho que no, y es que no. –Me enfadé. Lo eché para un lado muy bruscamente y entré por fin a la tienda. Nunca podíamos hablar sin gritarnos ni enfadarnos. Busqué en la sección de la ropa, y vi una sudadera perfecta: era de un color azul cielo, tenía pelo por dentro y tenía un bigote estampado. Miré el precio. Era económico. Cogí su talla. Mientras caminaba, vi como dos personas discutían en la sección de juguetes. No pude evitar escuchar su conversación.
–¡He cogido el juguete yo primero!
–¿Qué dices? He venido yo primero. Coge otro juguete.
–¡No! Éste es el que quiero.
–Pues no te lo voy a dar. –Era un chico y una chica discutiendo. Estaban montando un gran jaleo. Como no paraban de discutir, decidí meterme.
–Eh, tranquilizaros. Podemos solucionar esto. ¿Quién ha venido antes?
–Yo. –La chica me respondió con un tono algo más tranquilo.
–Pero, es que solo queda éste y yo llevo una semana entera esperando a que lo trajeran a la tienda. –El chico estaba decidido a llevárselo.
–¿Nos dices cuáles son tus motivos? –Me dirigí a la chica.
–Claro. Yo llevo más tiempo esperando éste juguete que tú. Es para mi hermano. Ahora está enfermo y en el hospital. Creo que lo que sería justo es que me lleve yo el juguete. Le encanta Superman, y además, mi hermano me pidió que se lo comprase. ¿Ahora me dejas que me lo lleve?
–Ah… vale. Tú lo necesitas más que yo, bueno, tu hermano. Toma. Y perdón.
–No pasa nada. –Ella le sonrió–.
–¿Veis? Ya está. Bueno, dejadme que me presente. Me llamo Raquel.
–Yo Louis.
–Aída, encantada.
–Ya sé que esto que voy a decir es algo precipitado, pero, ¿os apetece venir conmigo a comer con mis amigos?
–De acuerdo, me has caído bien.
–Y a mí también.
–Esperaros un momento que voy a pagar esta sudadera. Quedaos aquí.
–Vale. –dijeron al unísono.
Los dejé en el mismo sitio en dónde me los encontré. Quedaba largo tramo para llegar a la caja registradora. Entonces sentí que alguien me observaba. Miré hacia atrás. No vi a nadie. Seguí para adelante. Todavía teguía esa extraña sensación de que alguien me observaba. Insegura, volví a mirar hacia atrás. Esa persona se dejó ver un poco, y, por desgracia, era Niall. ¿Por qué me sigue? ¿Qué querrá hacer? Me paré en seco, sonreí, y volví a andar. Rápidamente me fui para el pasillo que tenía a mi izquierda y me metí en él. Di la vuelta con cuidado para que no me viera. Le despisté. Ya estaba justo detrás de Niall. Me acerqué sigilosamente y le di una patada en el culo. Él se sobresaltó, se la había dado con ganas.
–¿Qué haces?
–Yo… quería…
–Qué.
– Esto…
–Vale, me voy. Tengo prisa. –Empecé a caminar.
–¡No, espera! –Me paré, después, sonreí de nuevo.
–Quería decirte, que… perdón. –Me giré y le vi mirando a otro lado.
–Te perdono. Ah, por cierto, será mejor que te pongas la capucha para que no te reconozcan. O si quieres, ponte mi gorro. Adiós Niall. –Le dejé con la palabra en la boca. Pagué la sudadera. Le dije a la cajera que me lo envolviera. Me dirigí otra vez a la sección de juguetes. Allí estaban ellos, hablando de algo que parecía ser muy gracioso.
–Ya nos podemos ir.
–Eh, esperaros, yo también tengo que pagar esto.
–Te esperamos fuera, Aída.
–No tardo. –Salió a paso rápido. Louis y yo nos salimos. Decidí hablar un poco.
–Y bueno, ¿es guapa no?
–¿Qué? –Me respondió algo nervioso.
–Aída, ¿es guapa verdad?
–Bueno, la verdad… –Mi móvil sonó. Era un mensaje de Chari: “Nos vamos al restaurante que hay cerca del parque, no tardes” lo leí en voz alta.
–Vamos a estar con más gente, ¿no te importa?
–No, en absoluto.
–Volviendo a lo de antes…
–Da igual, déjalo. –Se puso colorado y se tocaba el pelo nervioso.
–Sí que es guapa. –Él asintió tímidamente. Aída salió de la tienda–.
–Venga, vamos.
–Encantado. –Liam se mostraba muy simpático.
–No pasa nada Harry. Solo hemos tenido una simple caída, causada por mí.
–Entonces, todo bien, ¿no?
–Sí, no te preocupes. Ya sabes que soy muy patosa. –Dije dándole un golpecito en el hombro.
–Tengo un idea, ¿qué tal si nos vamos todos a comer? Y así nos conocemos mejor.
–Yo no tengo que hacer nada importante hoy, por qué no. –Virginia era una chica muy tranquila. Me transmitía paz.
–Vamos a patinar un poco más y nos vamos, que tengo mucha hambre.
Cristina nunca cambiaba. Todos se pusieron a patinar, y encima, en pareja, pero Chari se apartaba de Zayn. Liam solo sonreía y miraba al suelo. Me quedé sola, parada ahí en medio de la pista. Reaccioné. No es que me sintiera muy bien en ese momento. Entonces, Niall se me vino a la cabeza. Empecé a morderme el labio y a quedarme pensativa. Decidí irme de allí. Me acerqué a Cristina.
–Me voy de aquí. He pensado en aprovechar el tiempo e ir a comprarte el regalo. Llamadme cuando valláis a comer.
–De acuerdo, está bien. Ten cuidado.
Le di un abrazo corto. Salí de allí y me senté en el banco quitándome los patines y poniéndome mis botas. Los dejé en el mostrador y una chica muy simpática me dijo gracias. Por lo menos, ella me había alegrado un poco el día. Mientras caminaba por la calle pensaba en lo de esta mañana. Las noticias. ¿Qué estarán haciendo ahora? ¿Robando? Ó, ¿Le habrán pillado ya? Esas preguntas no paraban de rondar en mi cabeza. Vi una tienda muy interesante y me dirigí a ella. Antes de entrar, me había topado con alguien. ¿Quién será ahora? Levanté la vista, y era Niall.
–Hola. –dijo con una risilla–.
–Hola. ¿Qué tal vais?
–¿Por qué lo preguntas? –le miré a los ojos.
–Os están buscando. Esta mañana habéis salido en las noticias. –puso cara de no entender nada.
–¿Nos buscan? –soltó una carcajada suave–. Si te preocupas por nosotros, allá tú. No nos cogerán, eso tenlo por seguro. –Se lo tenía muy creído. Estaba bastante seguro de que eso no iba a pasar.
–Vale, entonces, no me preocupo. ¿Me dejas entrar en la tienda? Quiero comprar una cosa.
–Si quieres, te la robo.
–¡No, ni hablar! Me meterías en un lío.
–Venga, no será muy complicado.
–Te he dicho que no, y es que no. –Me enfadé. Lo eché para un lado muy bruscamente y entré por fin a la tienda. Nunca podíamos hablar sin gritarnos ni enfadarnos. Busqué en la sección de la ropa, y vi una sudadera perfecta: era de un color azul cielo, tenía pelo por dentro y tenía un bigote estampado. Miré el precio. Era económico. Cogí su talla. Mientras caminaba, vi como dos personas discutían en la sección de juguetes. No pude evitar escuchar su conversación.
–¡He cogido el juguete yo primero!
–¿Qué dices? He venido yo primero. Coge otro juguete.
–¡No! Éste es el que quiero.
–Pues no te lo voy a dar. –Era un chico y una chica discutiendo. Estaban montando un gran jaleo. Como no paraban de discutir, decidí meterme.
–Eh, tranquilizaros. Podemos solucionar esto. ¿Quién ha venido antes?
–Yo. –La chica me respondió con un tono algo más tranquilo.
–Pero, es que solo queda éste y yo llevo una semana entera esperando a que lo trajeran a la tienda. –El chico estaba decidido a llevárselo.
–¿Nos dices cuáles son tus motivos? –Me dirigí a la chica.
–Claro. Yo llevo más tiempo esperando éste juguete que tú. Es para mi hermano. Ahora está enfermo y en el hospital. Creo que lo que sería justo es que me lleve yo el juguete. Le encanta Superman, y además, mi hermano me pidió que se lo comprase. ¿Ahora me dejas que me lo lleve?
–Ah… vale. Tú lo necesitas más que yo, bueno, tu hermano. Toma. Y perdón.
–No pasa nada. –Ella le sonrió–.
–¿Veis? Ya está. Bueno, dejadme que me presente. Me llamo Raquel.
–Yo Louis.
–Aída, encantada.
–Ya sé que esto que voy a decir es algo precipitado, pero, ¿os apetece venir conmigo a comer con mis amigos?
–De acuerdo, me has caído bien.
–Y a mí también.
–Esperaros un momento que voy a pagar esta sudadera. Quedaos aquí.
–Vale. –dijeron al unísono.
Los dejé en el mismo sitio en dónde me los encontré. Quedaba largo tramo para llegar a la caja registradora. Entonces sentí que alguien me observaba. Miré hacia atrás. No vi a nadie. Seguí para adelante. Todavía teguía esa extraña sensación de que alguien me observaba. Insegura, volví a mirar hacia atrás. Esa persona se dejó ver un poco, y, por desgracia, era Niall. ¿Por qué me sigue? ¿Qué querrá hacer? Me paré en seco, sonreí, y volví a andar. Rápidamente me fui para el pasillo que tenía a mi izquierda y me metí en él. Di la vuelta con cuidado para que no me viera. Le despisté. Ya estaba justo detrás de Niall. Me acerqué sigilosamente y le di una patada en el culo. Él se sobresaltó, se la había dado con ganas.
–¿Qué haces?
–Yo… quería…
–Qué.
– Esto…
–Vale, me voy. Tengo prisa. –Empecé a caminar.
–¡No, espera! –Me paré, después, sonreí de nuevo.
–Quería decirte, que… perdón. –Me giré y le vi mirando a otro lado.
–Te perdono. Ah, por cierto, será mejor que te pongas la capucha para que no te reconozcan. O si quieres, ponte mi gorro. Adiós Niall. –Le dejé con la palabra en la boca. Pagué la sudadera. Le dije a la cajera que me lo envolviera. Me dirigí otra vez a la sección de juguetes. Allí estaban ellos, hablando de algo que parecía ser muy gracioso.
–Ya nos podemos ir.
–Eh, esperaros, yo también tengo que pagar esto.
–Te esperamos fuera, Aída.
–No tardo. –Salió a paso rápido. Louis y yo nos salimos. Decidí hablar un poco.
–Y bueno, ¿es guapa no?
–¿Qué? –Me respondió algo nervioso.
–Aída, ¿es guapa verdad?
–Bueno, la verdad… –Mi móvil sonó. Era un mensaje de Chari: “Nos vamos al restaurante que hay cerca del parque, no tardes” lo leí en voz alta.
–Vamos a estar con más gente, ¿no te importa?
–No, en absoluto.
–Volviendo a lo de antes…
–Da igual, déjalo. –Se puso colorado y se tocaba el pelo nervioso.
–Sí que es guapa. –Él asintió tímidamente. Aída salió de la tienda–.
–Venga, vamos.
HOOOOOOOOOLA. Lo siento por tardar tanto en subir cap :'( no tenía muchas ganas de escribir estas Navidades. Bueno, espero que lo disfrutéis amores. <3
ResponderEliminar