(Narra Raquel.).
El olor del café y las tostadas me despertaron. Me incorporé. Saqué las piernas poco a poco y me puse las zapatillas. Vi la cama de Cristina ya hecha. Salí de la habitación algo desorientada y pasé por el baño para echarme agua en la cara. Acto seguido bajé las escaleras y me dirigí a la cocina. A cada paso que daba aumentaba el olor del desayuno que supuestamente estaba haciendo Cristina. Tenía mucha hambre.
-Por fin te levantas. Me iba a comer tu desayuno, menos mal que has venido a tiempo.
-Sí, seguro. -le respondí pengandole un mordisco a mi tostada con mermelada de fresa.
-Come rápido, que son las once. Yo ya he desayunado. Aprende de mí, me he levantado a las nueve.
-Tenía sueño. Ayer me costó dormir.
-¿Y eso? -no le iba a contar lo que pasó ayer. Sé cómo es y seguro que se enfadaría. Siempre se lo he contado todo, pero esto es importante callármelo-.
-Porque no parabas de roncar. -mentí-.
-¿Yo ronco? ¿De verdad? bueno, entonces lo siento. Voy a cambiarme, ahora vuelvo.
-De acuerdo.
Cristina se fue corriendo escaleras arriba dejándome sola en la cocina. Cuando terminé decidí encender un poco la televisión. No me importaba llegar tarde, la verdad. Puse las noticias y dejé el mando en la mesa.
''Una banda de chicos han robado en un gran supermercado de Londres. Algunos testigos confiesan que fueron unos siete, pero que fue imposible identificarles. La policía los está buscando''
Apagué la televisión. Esa banda tenía que ser la de Niall. Estaba algo preocupada, ¿y si le pillaban? tendrían que pagar una multa. Entonces, Cristina me sacó de mis preocupaciones tirándome un cojín.
-¿Pero qué haces ahí sentada? ¡Vamos! Que llegamos tarde.
-Vale ya voy. No era necesario que me lo tiraras con tanta fuerza.
-Sí era necesario. -Me levanté con desgana y subí las escaleras lentamente.
-¡Venga! Sé que lo haces aposta.
-No, que va. -dije irónicamente. Llegué a la habitación y abrí el armario. Cogí unas vaqueros claros y un jersey azul marino con las mangas blancas. Me puse unas botas de militar marrones y bajé. Cristina estaba fuera con el coche esperándome. Me puse los guantes y el abrigo, solo me faltaba el gorro... y me acordé de Niall otra vez. La preocupación volvió a mí. "Lo que hizo ayer fue increíble... además, se la debo. No me gustaría verle en un problema". Pensé. Abrí la puerta y me monté en el coche. Cristina arrancó y empezó a conducir. Cuando llegamos los demás nos estaban esperando.
-¿Cómo estáis? -Harry inmediatamente fue a darle un abrazo a Cristina-.
-Muy bien. -le dió un beso. Él me miro y me tocó el hombro-.
-Y tú Raquel.
-Bien, estoy bien.
-Bueno, ¿entramos ya? tengo muchas ganas de patinar. -Chari estaba muy impaciente.
-Con lo torpe que eres, seguro que te pegarás un guarrazo en el hielo. -dijo Zayn.
-Sé patinar mejor que tú, chaval. -respondió Chari. Zayn no hizo oídos sordos a aquel comentario.
-Venga Cristina, entremos ya. Yo también estoy impaciente. -dijo Harry. Cristina se rió y se amarró a su brazo.
-Venga Raquel, no te quedes atrás. -les miré un segundo y bajé mi vista al suelo. Llegamos a la taquilla y pedimos nuestros números. Nos dieron a cada uno un par de patines. Después nos sentamos en uno de los banquillos para quitarnos los zapatos. Todos empezamos a patinar. Zayn se dirigió a unas chicas morenas. Vi que empezó a flirtear con ellas. Supongo que eso le habrá sentido a Chari como una patada en el estómago. La miré. No tenía buena cara. Giré mi cabeza y vi a Harry y Cristina patinar de la mano. Decidí irme hacia el otro extremo de la pista...
(Narra Liam).
Ya llevo 6 meses sin Kate, y no puedo pasar un día sin sus besos. Desde el accidente, no paro de pensar en ella. Tendría que haberme muerto yo en vez ella. Joder, es que la echo tanto de menos. Ahora estoy solo, patinando entre la multitud. Pero, espera... ¿es esa Kate? ¡No puede ser! Voy a acercarme...
-Hola, ¿Kate? -la chica paró de patinar y se giró para mirarle.
-No, te has equivocado.
-¿Estás segura? -era indéntica a ella-.
-Sí, me llamo Virginia.
-Yo... yo Liam.
-¿Te apetece patinar conmigo? -me lo pensé. Quién lo iba a decir. Era como si estuviese con ella... y no pude evitar que una lágrima se me escapara.
-¿Te encuentras bien?
-Sí, no te preocupes. -ella asintió y se rió de medio lado. Me sacó una sonrisa. Le volví a hablar.
-Y, ¿qué haces aquí tú sola?
-Me encanta patinar. Ahora que han abierto la pista vengo a menudo. Vendría con mi hermanastro, pero él no me hace mucho caso. -reí un poco.
-¿Por qué?
-Es mayor que yo. Tengo diecinueve años y me trata como una niña pequeña, pero algunas veces nos juntamos y vemos películas juntos.
-Yo también tengo diecinueve años.
-¿Y tú por qué estás aquí?
-Pues... -no le iba a contar lo que me pasaba- para olvidarme de los problemas.
-Puedes contármelos, si quieres. Te sentirás más a gusto.
-No lo creo. -en ese momento, alguien se chocó con nosotros e hizo que nos tirara al suelo.
-Perdón, no estaba atenta. Iba mirando al suelo.
-No te preocupes. -dije ayudando a Virginia a levantarse.
-Soy Raquel.
-Yo Virginia y éste Liam.
-Soy muy torpe. ¿Os he hecho daño?
-No, ha sido una simple caída. -Raquel parecía muy simpática. Empezamos a hablar y a hablar y un chico se nos acercó.
-¿Qué pasa Raquel? - el chico tenía el pelo rizado. Detrás suya había dos chicas y un chico. Debían de ser los amigos de Raquel.
-Hola, soy Liam.
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