(Narra Raquel).
Me lo estaba pasando muy bien. Harry y Louis tenían los pantalones y el abrigo mojados, a causa de la nieve. Creo que como no se cambien ya, pillarán un catarro bastante gordo. La verdad, sigo sin entender a Zayn. Dijo que Niall le parecía simpático cuando le había tratado de esa manera. No conozco mucho a Niall, aunque me gustaría que me contara su vida. A lo mejor tiene algún problema con su familia o algo así. Quizás sea eso lo que le hace tan insoportable y borde. Supongo que Zayn tiene esperanzas de que Niall es bueno en el fondo, pero muy en el fondo. Sé que esto sonará algo extraño, pero me gustaría que esta tarde por casualidad apareciese Niall de la nada y que estuviera allí conmigo, en casa. No es porque me gusta y tal, sino porque tengo curiosidad de saber por qué se comporta de esa manera con los demás. Y en especial conmigo. En ese momento, Aída me llamó la atención.
–Raquel, ¿no es ese Niall el que va corriendo con todos esos
chicos? –fijé mi mirada donde me había indiciado Aída. Asombrada y sin pensármelo,
salí corriendo.
–Esperadme, ya vuelvo. Y no os preocupéis por mí.
Me alejé lo bastante como para no escuchar lo que me decía
Aída. “¿En qué lío se habrá metido ahora?” pensé mientras salía del parque y me
quedaba de pie en la acera mirando de izquierda a derecha. A mi lado, había
una chica sentada en un banco con su bicicleta en el suelo. No me lo pensé dos
veces.
–¿Cómo te llamas?
–Yo Mirella. –se cruzó de piernas.
–Déjame tu bici, por favor.
–¿Por qué? ¿Qué vas a hacer con ella?
–Luego te lo explicaré. Ahora debo darme prisa. –en un
movimiento rápido incorporo la bici y me subo en ella. Hacía tiempo que no me
subía en una de estas, pero me las puedo apañar. Me puse el gorro de el abrigo
y me lo abroché. Empecé a pedalear lo más fuerte posible. Pude escuchar que
Mirella me decía “¡Cuando me la devuelvas, no quiero verle ningún rasguño!
¿Entendido?”. Pude ver a dos policías corriendo detrás de un grupo de chicos.
Delante estaba Niall, así que tuve que pedalear todavía más fuerte. Había
chicos que me miraban algo extrañados, pero pasé de ellos. Ya estaba al lado de
Niall.
–¡Niall, rápido sube! ¡No te lo pienses, coño!
–¿Qué haces aquí? –no le pude entender bien, ya que estaba
corriendo a más no poder y necesitaba aire.
–Salvarte de un gran aprieto. ¿Subes o no? –asintió.
Me puse de pie sobre los pedales dejando el sillín libre
para él. Uno de sus amigos se acercó. Le dijo “Ya sabes donde estaremos. Vamos
a despistar a estos dos dividiéndonos. Ten cuidado” en ese momento Niall se
sentó en el sillín. Aceleré el ritmo. Sentí que Niall miraba para atrás, porque
me estaba agarrando por la cintura. Noté que él estaba algo asustado. ¿El
motivo? Se agarró más fuerte a mí y apoyó su cabeza en mi espalda. Me metí por
un callejón que no tenía salida. Paré de pedalear.
–Eh, Niall, que ya hemos parado. Puedes soltarme. –se bajó
rápidamente. Yo me reí un poco.
–¿Por qué? –ahora me miraba preocupado.
–¿Qué pasa? –dejé la bicicleta apoyada en la pared y me metí
las manos en el bolsillo.
–¿Que qué pasa? Pasa, que ahora por lo tonta que eres, puede
que a partir de ahora también la policía te busque por haberme ayudado a
escapar.
–No importa. –vi que cerraba los puños con fuerza.
–Tú no sabes en qué lío te acabas de meter, Raquel. No sé
por qué lo has hecho. Desde luego, no piensas.
–Niall, no han debido de verme mucho. No es problema. –miraba
al suelo. No quería mirarle en este momento.
–¿Y si no es así? Deberías haberte quedado con tus
amiguitos, en vez de ayudarme. Y vuelvo a preguntar, ¿por qué?
–Quiero conocerte. –bufó.
–¡Ya me conoces!
–No Niall, te equivocas. Yo no conozco al verdadero tú. Y
debo saberlo. –se quedó callado. – Además, tienes que protegerme de los polis
malos.
–No es un juego. Y además, no creo que aguante estar mucho
contigo.
–¿Te quieres callar? Ahora, escúchame. Hoy hemos quedado en
mi casa a tomar chocolate caliente. Creo que pasaremos toda la tarde allí.
Quiero que me lo cuentes todo, detalle a detalle.
–No puedo dejar a los demás solos. –se mordió el labio
inferior.
–No se van a morir porque les dejes una tarde solos. Son lo
bastante mayores como para que se cuiden ellos mismos. Vente, por favor. –le
cogí un mano. Estaba helada. Le apreté para que sintiera mi calor. Pero él la
quitó de inmediato. Se tocó el pelo. Hubo un silencio incómodo.
–A qué hora.
–A las cinco y media. Vivo en…
–No, no hace falta que me lo digas. Sé donde está la casa de
Cristina. –¿Cómo mierda lo sabía? Se colocó su capucha como de costumbre y
empezó a caminar.
–Un momento Niall.
–Qué pasa. –se paró, pero no se giró para verme.
–¿Me vas a devolver mi gorro? –esta vez si se dio la vuelta.
–Eres una pesada. Puede que sí, puede que no. –le saqué la
lengua. Él me enseño el dedo. Entonces, desapareció.
Cogí la bici y volví al parque. Me encontré a Mirella
todavía en el banco, tomándose unas pipas. Cuando aparecí, sonrío.
–Veo que la has traído sana y salva. –le dejé la bici y ella
se montó.
–Gracias, enserio. Me llamo Raquel. –me guiñó.
–No ha sido nada, guapa. –después de esto, ella se marchó.
Alguien me abrazó por detrás. Escuché su risa y al instante supe que era
Cristina.
SALGOOOOOOOO Y SOY DUEÑA DE UNA BICI Y TE LA DEJO ALSNSJAKDBSJDHEIDNSJSKS JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAKAJAJAJAJAJAJAJAJA Vale, ya pasó. Akdjskdjskskdn en fin, que me gusto mucho (porque salgo yo, claro) no, es broma, estuvo genial jajajajajaja quiero que haya pinchito.
ResponderEliminarJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA es que eres muy amable. Normal que te guste, asdkajdkajdjaksjsks. ¿Pinchito dices? Ya habrá tiempo, querida. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA te amo. :)
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