(Narra Raquel).
Nada más llegar a casa me metí de cabeza en la ducha. Necesitaba que mi cuerpo entrara en calor.
Cuando terminé de secarme el pelo, me dirigí a mi habitación para vestirme. Abrí el armario y cogí unos pantalones pitillos color violeta, una camiseta ancha de hombro caído blanca y debajo una de tirantes de color gris. Me puse unas Nike y me hice una trenza. Acto seguido bajé.
Toda la casa olía a chocolate caliente, cada vez tenía más hambre. Miré el reloj. Eran las cuatro de la tarde. Cuando bajé no encontré a Cristina, ¿dónde narices se habrá metido? Escuché cómo alguien rebuscaba en el trastero. Efectivamente, era Cristina.
—¿Se puede saber qué estás haciendo? —pregunté.
—Mientras hacía el chocolate, me acordé de que tenía varias tiendas de campaña guardadas en el trastero. Y se me ha ocurrido...
—¿Qué has inventado ahora? —le interrumpí.
—Pues como tenemos un jardín bastante grande... he pensado que esta noche podríamos acampar, hacer una fogata, comer nubes... no me digas que no es una idea irresistible. —me giñó un ojo.
—La verdad, es que no me convence mucho. —ahora lo que faltaba era que me pusiese su típica cara de cachorrito.
—Por favor, por favor, por favor, por favor. —mierda. Resiste Raquel.
—No.
—¿Pero por qué? Si es muy divertido. Además en una tienda caben dos personas, y ya sabes. —subió las cejas. Le miré seria. Se hizo silencio. Entonces suspiré.
—Bueno, de acuer- —me cortó la palabra abrazandome mientras decía miles de veces "gracias", tampoco es que fuera para tanto, pero se le notaba que le hacía ilusión. Y, ¿por qué no? Sonaba entretenido. Además, podría hablar con Niall con más privacidad. Pero ahora que lo pienso, ¿tendría que dormir con él? Suena mal, pero es necesario. Cristina todavía estaba sacando las tiendas.
—¿Cuántas tienes?
—Pues, unas cuantas. Cuando era pequeña iba a los Scouts, me encantaba. Y esta noche voy a recordar lo bien que me lo pasaba. —dió pequeños saltitos de felicidad.
—Voy a poner la mesa.
—Vale.
Cogí diez tazas y diez cucharas. Puse primero el mantel. Había diez sillas justas. Miré el reloj otra vez. Eran ya las cinco y media. Tocaron el timbre. Fui a abrir. Eran Virginia y Liam.
—¡Hey, hola! —le di dos besos a cada uno. Virginia se giró y le dijo adiós a un chico pelirrojo que se alejaba montado en un coche.
—¿Quién es? —dije.
—Es mi hermanastro Ed, nos ha traído a Liam y a mí. Hemos hecho galletas de chocolate en mi casa.
—Liam me extendió las galletas con una media sonrisa.
—¡Qué pinta tienen! Ha sido todo un detalle. Gracias. —les abracé. Hacia bastante que no comía galletas caseras.
—No ha sido nada. Aunque se nos han quemado las galletas varias veces porque Liam se distraía.
—Bueno, no me distraía, solo que no prestaba atención. —se encogió de hombros.
Nosotras reímos. Pasamos y se sentaron en la mesa. Dejé las galletas en la cocina. A Cristina se le iluminó la cara.
—¿Quién las ha traído? —me las quitó de las manos.
—Las han hecho Liam y Virginia. —volvió a sonar el timbre. Salí corriendo y abrí. Era Harry.
—¡Hola, Rachel! —me abrazó. ¿Rachel? Me gusta el nombre. Entró sin que le diera permiso.
—¡Cristina! —gritó cantando. Ella se asomó. Corrió hacia él.
—Hola amor.
Me quedé en la puerta, para ver si venía alguien más.
Llegaron los que faltaban, menos Niall. Quién sabe, siendo como es, habrá cambiado de idea y estará por ahí haciendo lo que le sale de las narices. Bueno, solo queda esperar. Cerré la puerta. Me acerqué a la mesa.
—Raquel, ¿puedes ir a por las servilletas? Se me han olvidado. —dijo Cristina. Asentí. Abrí el armario, y no las encontraba. Seguí buscando y escuché un estruendo en el pequeño patio de la cocina. Miré por el cristal de la puerta para comprobar qué era, pero no vi nada. Abrí la puerta suavemente y me encontré a Niall.
—Dios, qué dolor. —se frotaba el culo. Me restregué la mano por la cara.
—¿No puedes entrar por la puerta, como todo el mundo?
—Me perseguían.
—¿Quiénes? —le dejé entrar.
—Unos. —en ese momento, entró Cristina.
—Raquel, cuánto te fal... ah, hola Niall.
—Hola. —dijo él.
—¿Qué te ha pasado? Tienes los pantalones mojados.
—Es solo que se ha meado encima.—reí y el me miró con desprecio.
—Me resbalé con el hielo mientras iba de camino. —mintió.
—¿Por dónde has entrado? Porque no he escuchado que llamaran a la puerta.
—Claro que he entrado por la puerta. ¿Verdad, Raquel?
—Por supuesto. No es que haya entrado por el patio de la cocina ni nada por el estilo, no que va. —dije con tono irónico. El me pisó. Aguanté el dolor.
—No os creo. —dijo Cristina.
—¡Te estoy diciendo la verdad! —lo dijimos a la vez. Nos miramos extrañados.
—Que era broma, idiotas. —dijo ella cogiendo las servilletas. Después se largó. Le seguí.
—¡Espera un momento! Hay un problema.
—Cuál. —le miré.
—¿Es que no me ves? Estoy empapado. Aunque no lo creas, me da vergüenza. —subí una ceja.
—Espera aquí. —me fui al baño de la planta baja. Cogí el secador. Volví a la cocina.
—Si piensas que me vas a secar con eso, te vas a tirar una vida.
—Oh, entonces lo guardo.
—No, no, no, no, por favor. Esta sensación de frío en los huevos, no es muy agradable. —enchufé el secador y lo puse a máxima potencia.
—¡Oye, que quema!
—Deja de quejarte. Date la vuelta. —dio la vuelta rápidamente. Al fin se le secaron los pantalones y dejé el secador en su sitio. Me salí por fin de la cocina. Niall no venía.
—¡Venga, rubio! —me senté.
—¡No me llames así! —gritó. Al fin, vino.
—Hey. —dijo serio, hubo un pequeño silencio.
—¡Qué pasa tío! —Zayn se levantó y le estrechó la mano. Niall estaba confuso.
—Por fin vienes. —dijo Harry con una media sonrisa.
—¿Qué habéis estado haciendo en la cocina? —preguntó Louis.
—Sencillamente, le estaba secando los pantalones. —me encogí de hombros. Todos se rieron menos Niall, que me miraba mientras bufaba.
—¿Podemos comer ya? —dijo Chari viendo cómo el chocolate humeaba.
—Desde luego. —me levanté y cogí su taza. Hice lo mismo con todas hasta que cogí la de Niall. Solo la llené un dedo.
—Esto es muy poco. Quiero más. —extendió su taza. La cogí. La llené hasta el filo.
—¡Pero no tanto! Quiero menos.
—¿Te aclaras o no? Si no quieres chocolate, habérmelo dicho desde el principio. —volqué un poco su taza encima de la cacerola quitando un poco de chocolate.
—¡No, espera! Me conformaré... —finalmente, me llené mi taza.
—¿Habéis terminado de chincharos ya? —dijo Cristina— tengo que comentar una cosa.
—Adelante. —dije.
—No sé si os gustará la idea, pero me he acordado de que tenía varias tiendas guardadas. Y bueno, podríamos acampar en el jardín, hacer fuego, comer nubes... ¿qué os parece?
—Suena divertido. —dijo Aída pegándole un mordisco a una galleta de chocolate.
—¿Quién ha hecho estas galletas? Porque están deliciosas. —dijo.
—Nosotros. —dijeron Liam y Virginia al mismo tiempo. Aída volvió a morder.
—A mí me encanta la idea. —dijo Harry— además, esta noche se despejará el cielo y habrá estrellas fugaces.
—¿En serio? —Liam se emocionó.
—Enserio.
—¿Cuántas personas caben en una tienda? —preguntó Zayn.
—Dos personas. —respondió Cristina. Se puso la mano en la frente nervioso.
—¡Me está gustando más la idea! —rió Harry— ¿Tenéis alcohol?
—Claro que tenemos, pero son de los padres de Cristina. —dije.
—Entonces, ¿todos queréis?
—¡Sí!
—¿Y tú, Niall? —todos le miraron.
—No. —dijo rotundo. Mierda, ¿ahora qué? Tenía que convencerle.
—Venga, Horan, enrróllate. —le pegué un puñetazo suave en el hombro.
—No quiero compartir tienda contigo. —hice una mueca.
—Solo será esta vez, ahora no te pongas así. —le di golpecitos en la mejilla con el dedo. Se apartó.
—De acuerdo.
—Pues entonces —se levantó Cristina— ¡quitemos la mesa y montemos las tiendas!
Quitamos la mesa rápidamente, pero Niall pasó y se sentó en el sofá. Me quité el coletero de la trenza y se lo tiré a la cabeza. Pasó Zayn por mi lado con algunos platos que quedaban y le paré.
—Bueno, lo que te estaba diciendo. —me miró con cara de interrogación.
—¡Au! ¡¿Quién me lo ha tirado?! —Zayn se fue poniendo los ojos en blanco mientras suspiraba. Escuché que se reía. Le seguí sigilosamente.
—Raquel... —me giré despacio. Niall me tiró un cojín, pero lo esquivé.
—¡Hasta mi abuela tiene más puntería que tú!
—¡Joder! —sali corriendo y él también. Entré al jardín donde estaban todos quitando la nieve y montando las tiendas. Me puse detrás de Virginia. La cogí de los brazos.
—¡Socorro! Me están utilizando de escudo. —entonces Zayn me cogió haciendo que soltara a Virginia.
—¡Eh, eh! ¡Eso no vale! —dije frunciendo el ceño.
—Gracias tío. —Niall me tiró del pelo. Lo tenía suelto ya que me había quitado el coletero para tirárselo a Niall a modo de tirachinas.
—¡Para! Me dejarás calva. —el rió. Zayn me soltó— los dos estáis compinchados.
—No haberme tirado esto. —me enseñó el coletero. Fui a cogerlo, pero se lo escondió detrás de la espalda.
—¡¿Ya estamos?! —fui a cogerle su brazo izquierdo, pero este subió el derecho donde tenía el coletero.
—Demasiado lenta. —Chari le quitó el coletero de la mano. Niall abrió los ojos. Zayn se rió.
—¿No te lo esperabas, eh? —dijo Chari devolviéndome mi coletero. Los cuatro nos pusimos cara a cara.
—Tontas.
—Idiotas.
—Locas.
—Cabrones.
—Capullas.
—Gilipollas.
—Perras. —pasó Liam por en medio separandonos.
—Venga, no os peléis ahora, que queda mucha tarde por delante. —cada uno nos fuimos por nuestro lado.
¡HOLAAAAAA! Siento si tardo tanto en escribir :'( es porque me petan de deberes y examenes. Bueno, disfrutad del cap y comentad por aquí o por twitter. Asdfghjklñ love u. <3
ResponderEliminarASDFGHJKLASDFGHJKLSDFGHJK ¿POR QUÉ ME DEJAS ASÍ? YO QUIERO MAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS. Buenas noches, te quiero. <3
ResponderEliminarJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA soy una malota. Prometo hacer el siguiente cap más largo. TKM. <3
ResponderEliminar